miércoles, 7 de octubre de 2015

Manifiesto por la educación para la conservación del mar chileno*

Desde hace ya una década, dirijo un proyecto de conservación de biodiversidad en Tierra del Fuego: El ParqueKarukinka. Un lugar donde la vida terrestre como la conocemos, casi toca a su fin, y se adentra en el frío océano sub-antártico para dar paso a la maravilla que es la vida marina, en uno de los océanos más diversos, hermosos  y productivos del mundo: el mar Patagónico. Allí, en los confines de nuestro continente americano, se entrelazan de manera natural océanos Pacífico y Atlántico, un encuentro de dos mundos tan feroz como permanente.

Tanto como que existe la ley de gravedad y que la tierra no es el centro del universo, la ciencia ha demostrado que humanos y naturaleza, gente y océanos, confluyen en un mismo sistema. Se manifieste a escala global, o a escala de un pequeño fiordo patagónico... la verdad última es que los humanos no pueden acceder ni mantener bienestar, si no son capaces de mantener ecosistemas sanos y pujantes. La degradación de los ecosistemas marinos por lo tanto, redunda directa y ampliamente en pobreza y miseria. 

Dada la naturaleza histórica, compleja, de la vida que bulle en los mares, su protección precisa de un abordaje diverso e integrado, única forma de aspirar a éxito en esta tarea.

Un ejemplo de este océano austral es  el Seno del Almirantazgo, un fiordo como tantos otros fiordos patagónicos, que es hábitat de biodiversidad singular y bella, de enorme valor ecológico, económico, cultural, e incluso espiritual. Un pequeño ejemplo que se repite a lo largo de las costas de Patagonia, haciendo de este océano, uno de los más misteriosos y valiosos del planeta, y efectivamente uno de los más demandados y menos protegidos.

Con el deseo de aportar al que constituye el mayor desafío que enfrenta hoy la humanidad: la pérdida de biodiversidad, incluyendo especialmente la marina,  hemos promovido el uso del Seno de Almirantazgo como un gran laboratorio natural. Una enorme y verdeazulada placa de Petri que nos permita desarrollar y poner a prueba herramientas que nos ayuden a hacer avanzar las fronteras de lo que es posible, y nos permitan alcanzar la conservación de nuestro mar.

Gran parte de los “experimentos” que hemos desarrollado en estos alejados parajes han sido educativos. Porque aunque cueste creerlo, niños, jóvenes e incluso profesionales de Tierra del Fuego y del resto del país, no conocen la biodiversidad de su tierra. Y cuesta creer que rondan por sus cabezas tigres, leones, elefantes, jirafas, pinos o rosas, sin existir en sus mentes siquiera un atisbo de huemul, o un pingüino magallánico. A pesar de vivir en una de las zonas con menor huella humana, con acceso a las mayores extensiones de biodiversidad de Patagonia, especies como guanacos, zorros, albatros, quedan rezagados en la mente de nuestros australes compatriotas. Para qué decir de biodiversidad marina! Ella simplemente...muchas veces no existe. Y como consecuencia de esta ceguera, agoniza la posibilidad de su conservación.

Y es por ello que desde hace más de una década hemos desarrollado el que quizá es el programa de educación para la conservación más importante de Tierra del Fuego. Lo cual suena rimbombante, pero no lo es tanto, cuando se considera la escasa población humana que habita estos parajes. A los largo de los años hemos realizado numerosos esfuerzos para difundir el conocimiento y valoración de la biodiversidad patagónica, y promover su conservación.

Pero dado que la realidad es lo que consideramos verdadero. Y lo que consideramos verdadero es lo que creemos. Lo que creemos se basa en nuestras percepciones y lo que percibimos es aquello que estamos dispuestos a ver. Desde Patagonia, nos hemos esforzado por hacer de nuestro ejercicio educativo una alternativa para cultivar el ojo, para preguntarse por lo que no se ve. Y el océano está colmado de cosas invisibles. La educación que hacemos nos dispone a ver el mar como nunca antes hemos necesitado ni querido verlo. 

No pensamos la educación en el sentido clásico de entrar en un aula, para intentar adoctrinar a niños y jóvenes en materias específicas, sino desde una mirada más esencial: ejecutándola educación como un arte para la transformación.

En este caminar educativo, hemos podido develar a la comunidad fueguina y de sus alrededores, muchas veces por primera vez, la existencia de biodiversidad nativa, endémica, valiosa y bella. Hemos delineado herramientas educativas que nos ayuden a romper con falsas creencias, superar cegueras culturales, empujándonos a visitar el mar, levantar sus rocas y escarbar su arena, curiosear con jaibillas y huiros, dejando que esta vida marina nos colonice de pies a cabeza. Una educación que nos permita reajustar nuestros hábitos mentales, y nos permita reconocer el azul del mar, su movimiento eterno, su bullada y compleja vida acuática.

Un auto desafío crítico ha sido la creación de material educativo local, con especies y ecosistemas locales…materiales todavía inexistentes en Chile. No quiero detenerme en el hecho que hemos ejecutado más de 17 proyectos de educación, canalizado fondos de todas partes del mundo para financiarlos, convocado y alineado a más de 30 socios locales, nacionales y globales en esta empresa, convocado a más de 40 escuelas y más de 7000 estudiantes de la región, quienes han participado de manera directa en nuestra actividades educativas.


No quiero detenerme tampoco en mencionar que este esfuerzo educativo no ha pretendido nunca estar confinado a las aulas, sino a tocar a la comunidad fueguina toda. Es así que en este proceso hemos trabajado con pescadores artesanales, con profesores de toda la región, guardaparques, incluyendo uno de los sitios más aislados nacionales, como es Puerto Edén, último refugio de la población Kaweshkar.

Hemos producido materiales con identidad local, en formatos variopintos incluyendo libros, videos, juegos, trivias, guías de campo, coloreables, los que hemos distribuido en números que sobrepasan los 30 mil ejemplares, haciendo esfuerzos por incluir a discapacitados, entre muchos otros. Hemos promovido y participado en decenas de ferias científicas escolares, creado clubes, cafés y chocolates científicos, niños y niñas ganadores! que desde este alejado confín de nuestro país, han logrado vencer en sus categorías a nivel local, regional e incluso nacional. Nuestro esfuerzo ha sido reconocido por nuestros queridos socios del Liceo Fueguino, y del Ministerio de Medio Ambiente, líder natural del tema de conservación en Chile.

...Nada malo para un pequeño programa, que crece a contratrapelo, capeando el viento patagónico y otros azotes no tan naturales. Como muchos de los programas de educación para la conservación del mar que flotan, a veces a la deriva, a lo largo de nuestra costa.

Las experiencias educativas marinas existentes en Chile son extraordinarias. Construidas a pulso, lejos de la urbe metropolitana, con recursos financieros menos que escuálidos. Muchas de ellas no sólo han sido capaces de mantenerse, sino de crecer en el tiempo. De ellas han surgido los clásicos productos tangibles: como libros, folletos, videos educativos, los cuales sirven de ladrillos que se utilizan una y otra vez para construir esta nueva cultura. Pero la mayor parte de este esfuerzo son productos tan valiosos como intangibles. Contingentes cada vez crecientes de personas con una nueva y común visión, dispuestas a trabajar para llevar este océano de hoy al próximo siglo. El dorado de nuestra América finalmente aflorando.

Sabemos que nuestro esfuerzo vale la pena, pues el mar de Patagonia es una porción valiosa del océano de nuestro planeta. En sus costas casi infinitas, alberga biodiversidad de singular valor ecológico, que ha moldeado culturas, a la vez que hoy sostiene diversas industrias de envergadura local y global.

Es en efecto la costa de Patagonia una muy buena metáfora del valor y los desafíos que enfrentamos día a día, aquellos que desde diferentes trincheras, intentamos educar sobre la importancia de nuestro océano, promoviendo su conocimiento y conservación. Estas costas son enormes. Vastas como todo el mar de personas que necesitamos impactar con nuestro mensaje de conocimiento y cambio cultural. Es un mensaje que nace una y mil veces, en cada recoveco de mar, en cada isla aislada. Pero también es un mensaje que el viento fresco tumba una y otra vez, y que corrientes y remolinos marinos alejan de las costas, impidiendo su buen arribo a puerto.

Ya lo vimos en el video: iniciativas como las impulsadas en Karukinka hay muchas en Chile. Todas diferentes. Todas similares. Programas de educación más o menos grandes, que permanecen más o menos en el tiempo. Esfuerzos locales por generar acciones de educación variadas, relacionadas con turismo, uso sustentable, oceanografía y tantos otros temas. Existen a lo largo de nuestras costas cual islas de este archipiélago.

Son escasas las oportunidades que existen para reunir cada uno de esos mundos, menos para trabajar cooperativamente en torno a una visión integrada de educación para la conservación, y menos aún para sostener un trabajo de largo aliento, que permita construir entre estas islas, puentes variados y efectivos. Parte de estos problemas ya han sido comentados por Pablo, Miriam y Alexa. Y lamentablemente reflejan la base de lo que quizá son los desafíos más grandes que tenemos para abordar el tema del cambio cultural para la conservación.


Por ello, en un automandato ineludible, ha sido la de reunir nuestra pequeña pero significativa experiencia de educación, a otras. Más o menos Pequeñas, mas o menos elocuentes. Y hemos junto a ellos intentado delinear una visión común, y forjar herramientas variadas. Y hemos constatado que la única forma de escalar estas pequeñas experiencias es reunir esos esfuerzos.

No cabe en este proceso nada más ni nada menos que un liderazgo inclusivo, que carente de ego, permita promover el bien común, el que llega irremediablemente cuando se conserva el océano todo.

Como todo cuando nace, cosas y procesos, se nace pequeño. Micro-cambios culturales hoy son empujados por iniciativas de educación a lo largo de Chile, Estos cambios culturales sin embargo, si son sostenidos por largo tiempo, pueden llegar a cristalizar en obras monumentales. Por lo que si aspiramos a responder a la velocidad requerida para revertir la pérdida del océano, es un deber de nuestra sociedad instalar activa y rápidamente todo un Sistema educativo para el cambio. Basado en experiencia acumulada, este sistema debe estimular la exploración activa del mar, la integración efectiva de ese conocimiento, y el deseo desenfrenado de cruzar la frontera de lo inalcanzable, para diseñar soluciones tangibles a los problemas de conservación del océano.

La responsabilidad para con nuestro océano, requiere no sucumbir ante soluciones simples y someras. Simplemente porque ni la biodiversidad marina, ni la educación que requerimos para su conservación son simples. Debemos aceptar que no existe una varita mágica capaz de resolver todo este azul problema. Aún con todas las áreas protegidas delineadas y creadas en un mapa, aún con todos los compromisos globales firmados en un acta, aún con todas las leyes que controlen el uso y mejoramiento del mar proclamadas, si esas declamaciones no se materializan e instalan en nuestra cultura, estos esfuerzos no serán más que gotas en un mar infinito.

Según ha indicado nuestro Canciller en más de una ocasión, el gran objetivo de esta Conferencia global es lograr que Estados y Organizaciones se comprometan con la conservación del océano.
Hemos traído acá, por el contrario, un compromiso ya adquirido hace tiempo. Demostrado en acciones concretas desplegadas a lo largo de Chile, implementando herramientas clave para gatillar el cambio cultural que nos permita avanzar en la conservación de este océano que hoy nos convoca.

También sabemos que este encuentro global es un acto político, y venimos acá con nuestro demostrado y viejo compromiso bajo  el brazo, para justamente eso: clamar por un nuevo pacto con la educación para la conservación de nuestro mar. Levantamos hoy acá nuestra mano, junto a las manos de decenas de niños y profesores de todo Chile, pidiendo apoyo para construir sobre la visión y experiencia acumulada una educación para la conservación efectiva del mar, y catalizar con ello los procesos de cambio que tan urgentemente reclama nuestro océano.

Si nuestro océano pudiese tomarse las calles, enarbolar pancartas, votar en las próximas elecciones, su demanda educativa estaría a la cabeza de sus protestas. Y su exigencia realista y sin renuncia, sería la de fortalecer, promover, integrar y amplificar, las iniciativas de educación que huérfana pero poderosamente han nacido a lo largo de nuestro país.

El compromiso que necesitamos hoy día del mundo político global y especialmente local, reunido en esta vitrina que mira el futuro del océano de nuestro planeta, es el apoyo para poder fortalecer y extender estas experiencias educativas a escalas que sean proporcionales al tamaño de los desafíos con que nos baña nuestro mar.


Desde este foro fundamentalmente político, la educación para la conservación del mar envía un mensaje: consigna sin sustancia no salva océanos. No protege ni permite restaurar ecosistemas degradados. No restituye servicios ecosistémicos disturbados. Esa sustancia y contenidos son generados por hombres y mujeres de ciencia. Hombres y mujeres de conservación. Los que con esfuerzo, a lo largo de Chile han reunido estos mundos en una educación con misión: la de cambiar el rumbo de nuestro mar, aspirando con ello a llevarlo al siguiente siglo.

La realización humana llega a su cima cuando el individuo es capaz de desplegar su potencial al máximo. Un país que no conoce su océano, no puede ofrecer más que una vida colectiva truncada. Imposibilitada de desplegarse en todo su esplendor, ni mucho menos de producir todo el bienestar posible de ser alcanzado. Nuestro país debe iniciar un viaje de auto-descubrimiento, entrando en la porción más profunda de su alma, que es nuestro océano. Basado en nuestras experiencias, auguramos que este viaje no solo será uno de los más grandes, sino de los más fértiles para nuestra nación.

Los esfuerzos que hemos desplegado a lo largo de los años en estas iniciativas  educativas han requerido coraje y creatividad. La proeza de develar el mar, el que naturalmente oculta sus maravillas bajo tules de variado azul, se duplica al considerar los prejuicios que derivan de la ignorancia sobre su operar, y sobre su rol en generar beneficios a la humanidad en el largo plazo. Y es exactamente ese el secreto de todo cambio cultural verdadero: la liberación de ataduras, la creación de la diáspora, y la remoción de los escombros que deja la ignorancia, ahuyentando pestes tan pestilentes como la desvaloración del mar.

Hoy invitamos a los líderes acá reunidos, a permitirse un lujo necesario, inspirado e inspirador: a permitir cambiar sus mentes. A dejar atrás ataduras culturales variadas, y abrazar la evidencia acumulada por años de experiencias educativas en torno al océano. A tomar estas nuevos y sabios lineamientos para cultivar la nueva y necesaria mirada. Y a dejarse guiar por las experiencias educativas ya florecidas, que cual estrellas de una nueva constelación, pueden servir de guía en la navegación hacia el porvenir.

Este no es un manifiesto vacío, sino que está sostenido en la experiencia acumulada por aquellos que estamos con las manos en la masa del  cambio. Ustedes lo pueden constatar en este mismo Congreso, donde este mismo momento estamos desarrollando un campamento científico marino, con niños de todo Chile: desde cálido norte hasta la fresca Tierra del Fuego, cuya organización ha requerido la confluencia de grandes cantidades de voluntades, las cuales hemos sabido no sólo convocar, sino articular de manera cooperativa, sinérgica y finalmente hermosa, para poder demostrar con hechos, la proclama que hoy enviamos desde esta sala.

Venimos a decirles quiénes somos. Venimos a compartir nuestra experiencia. En retorno pedimos vuestro complementario y simétrico compromiso…

¡Y esperamos estén dispuestos a entregarlo!

*Presentado en el Panel Pensando nuestro Océano, en la cumbre Nuestro Océano, Valparaíso, Octubre, 2015.

martes, 6 de octubre de 2015

Abriendo caminos a nuevos estándares para la conservación en áreas protegidas chilenas*

Estimadas, Estimados,

Ha sido un largo día, que ya se cierra... y junto con él, estamos comenzando a cerrar este proceso de compartir nuestro conocimiento y experiencia sobre la planificación estratégica para la conservación, a través del uso de los estándares abiertos.

Lo primero que corresponder agradecer. A Muchos. Agradecer al Ministerio de Medio Ambiente, liderados por Alejandra Figueroa, quienes nos abrieron la puerta para guiar este proceso, generando un espacio dentro del GEF-SNAP para que pudiésemos compartir lo que WCS ha diseñado/aprendido a lo largo del tiempo, tanto en el mundo como en Chile.

Agradecer a cada uno de los que han participado y apoyado este camino, socios de conservación, liderando sendos y bellos proyectos en San Juan de Piche, Juncal y Piti Palena-Añihué. Como nosotros, personas entusiastas, amantes y apasionadas por la biodiversidad, que procuran proteger y darle futuro en cada uno de sus proyectos. Generosos en disponer sus esfuerzos en la conservación de un patrimonio valioso para todos los chilenos, los de hoy y los de por venir. Patrimonio valioso para toda la humanidad.

Agradecer al equipo de WCS, liderado por Melissa Carmody, Rodrigo Guijón, Berta Holgado, María Acín y Karl Didier, quienes han conducido este proceso como deberían conducirse todos los procesos: con mirada de largo plazo, liderazgo inclusivo, transparencia activa, sinérgica creatividad, conocimiento avanzado y generoso, empatía a toda prueba y compromiso genuino con el que quizá sea el desafío más grande que enfrentamos hoy día como humanidad y país: el de mantener la naturaleza que nos da todo. 

Para cerrar nuestro trabajo de hoy, quiero destacar tres cosas que me parecen relevantes.

Recordar que la biodiversidad es un patrimonio común, crítico para el bienestar de los chilenos, la que dada su naturaleza: histórica, singular, ubicua, compleja, debe ser gestionado de manera inclusiva y cooperativa.

Ninguno de los actores que tiene a su cargo la custodia de patrimonio natural, aunque cuente con todo el poder que crea poseer (político, económico, u otro), podrá resolver por si sólo los problemas que deben ser abordados cuando hacemos conservación de biodiversidad.

El trabajo de conservación sin estas consideraciones, a lo más que puede aspirar es a tener la ilusión de la conservación. Ilusión que se desmorona a la vuelta de la esquina…de cada parque, de cada iniciativa realizada en aislamiento.
Por esto, cuando nos hacemos cargo de que la biodiversidad es común, nos percatamos que la única forma de hacer conservación efectiva requiere del trabajo cooperativo e integrado.

Como hemos aprendido en este proceso, si esta tarea se basa en el mejor conocimiento que dispongamos (no sólo científico-ecológico, sino humano en el amplio sentido de lo humano), con mirada de largo plazo, con gran espacio para la adaptación y el aprendizaje, entonces tendremos la mitad de nuestra tarea ganada. Todo esto es fácil de decir, pero mucho más complicado de materializar.

Y para eso existen herramientas, y la herramienta más poderosa creada hasta la fecha para guiar estos procesos son efectivamente los estándares abiertos. Por eso WCS, líder global en conservación de biodiversidad los fortalece y promueve. 
Destacar que los estándares abiertos definen justamente eso: estándares, abriendo la oportunidad de mejorar, entregando elementos para avanzar y sobre todo pensar en grande y pensar en lo importante.

Pues el foco que proponen es real, no administrativo. No sólo en investigación, no sólo en capacidad humana…todos estos elementos clave para la gestión de la conservación, sino en la biodiversidad per se. Aquella que está en nuestros territorios, en nuestro mar, en nuestros humedales, en nuestras ciudades. Aquellos ecosistemas, especies, o procesos ecológicos que son clave o relevantes para mantener, o recuperar la integridad de la vida en un sitio y momento dado. Dándole la posibilidad de permanecer en el tiempo. O sea…hacer conservación efectiva.

Y dado que Chile está en proceso, por primera vez en su historia de entregar al Estado Chileno el mandato de velar por la conservación de la biodiversidad a través de la Ley de Biodiversidad y Áreas Protegidas, la que esperemos se apruebe pronta y buenamente... El camino que estamos recorriendo, juntos, de avanzar en el entendimiento y promoción de los estándares abiertos, nos permite adelantar y estar preparados para lo que viene.

Que nos permita implementar efectivamente lo que propone este proyecto GEF: el diseño y desarrollo de un sistema integrado, público-privado, marino terrestre, que pueda servir de matriz para proteger parte importante del patrimonio natural chileno.
Quiero terminar destacando dos aprendizajes fuertes. El primero es la necesidad de proyectar este proceso de aprendizaje inclusivo, con alta calidad técnica y guía estratégica, hacia adelante. En estos seis meses de trabajo hemos dado el puntapié inicial, pero sabemos que el partido recién está comenzando.

Hay mucho por construir, tanto en el espacio de cada iniciativa de conservación, como en la integración sinérgica, complementaria y sistémica de todas ellas. Mucha capacidad por desarrollar, muchos liderazgos por fortalecer, mucha cooperación por construir. Este camino debemos recorrerlo. Idealmente debería ser guiado y catalizado…, pero debe ser recorrido.

Y por lo mismo, el último y poderoso aprendizaje que destacamos es a seguir el ejemplo entregado por nuestros socios en conservación: San Juan de Piche, Juncal, Piti Palena-Añihué: de tirarnos a la piscina de la conservación. Pues haciendo es como mejor podremos aprender. Cada uno por separado, y todos en conjunto. Asumiendo un rol proactivo en sumar esfuerzos por mejorar la gestión que cada uno hace, desde cada una de nuestras tribunas.

Disponerse a errar a la vez que abrir cabeza y corazón para aprender de nuestros errores. Enfatizando el colectivo proceso de aprendizaje por sobre la meta inerte. Será esta quizá el mayor y mejor motor de gestión de la conservación que podamos proponer. E invitamos a todos los interesados a sumarse a este proceso.

Al decir adiós y antes de invitarlos al café, no quiero sino recalcar el demostrado compromiso que tenemos en WCS de promover el conocimiento, valoración y conservación de la biodiversidad de nuestro Chile. Junto al Ministerio de Medio Ambiente y todos los socios con los que trabajamos en diferentes rincones de este planeta no nos perdemos: tenemos la vista puesta en un objetivo común, pero entendemos que el camino para llegar a él lo construimos día a día, con conocimiento, con integración, con cooperación, con mirada de largo plazo.

Alimentamos día a día esta comunidad de conservación, pública-privada, generando en el camino la confianza necesaria para construir con otros, para equivocarnos y encontrar el camino con otros, para celebrar el valor de la construcción cooperativa, imprescindible  para generar bien común, bien que brota irremediablemente cuando conservamos biodiversidad.


Muchas gracias y felicitaciones a cada uno!

*Discurso de Taller de cierre de Proyecto Análisis, Adaptación y Sistematización de Estándares para la Planificación del Manejo en Iniciativas de Conservación Privada y Áreas Marinas y Costeras Protegidas de Múltiples Usos. GEF-SNAP

viernes, 28 de agosto de 2015

Especies invasoras en Magallanes, o cuando el sueño de la casa propia se hace pesadilla

Tal como lo ha reconocido Francisco, el Papa Vecino, el país que compartimos es nuestra casa común. Y dentro de ella existen muchas y variadas habitaciones. Las más austral y fresca es la de Magallanes. La más grande, la más fragmentada, la más pródiga en viento y épicas, es la que sostiene cual equilibrista, al resto de nuestro país que región sobre región se apila sobre este pilar geográfico.

Habitada por diversas familias humanas (Kaweskar, Selk'nam, Yamana, inmigrantes europeos o chilotes),  y de las otras (lengas, guanacos, turberas, ballenas, delfines, cóndores o albatros), esta casa ha servido de punto de encuentro y cobijo, ha alimentado y refrescado a todos sus parantes, permitiendo el descanso reponedor de cada uno de sus ocupantes.

A lo largo de años de ocupación hemos dañado parte sustantiva de esta morada, ya sea porque hemos sobre explotado sus recursos, porque los hemos contaminado, o porque la hemos llenado de alimañas invasoras. Como los castores...una plaga que día a día, por más de 60 años, ha crecido y ha ido "castorillando" bosques y ríos, turberas y estepas magallánicas. Tan grande ha sido su impacto, que este flagelo está hoy en la mira de muchos (Ministerio Medio Ambiente, CONAF, SAG, investigadores, ONGs), quienes intentan reunir esfuerzos incluso binacionales, para poder sanitizar nuestra vivienda austral, e intentar recuperar su verde esplendor.

Nadie desea plagas en su morada. Nadie en su sano juicio abriría las puertas de su casa a las pestes del infierno, ni ofrecería amparo o resguardo a la infección o la pústula. Por eso mismo, y porque Magallanes sabe perfectamente la calamidad que trae la infección, resulta impactante por decir lo menos, saber que hoy se está nuevamente inoculando Magallanes con conocidas enfermedades: la de especies invasoras.

Con estupor hemos sabido de un programa que no sólo espera traer, sino promover la instalación de árboles exóticos, muchos de ellos invasores en Magallanes. Se espera traer la enfermedad a la región, en forma de árboles que demostradamente son invasores (lluvia de oro, abedul, salix), que demostradamente están generando problemas en la casa vecina Argentina, que demostradamente son crónica de una muerte anunciada.

Bajo el falso paradigma del progreso (el mismo que se utilizó para traer castores de Magallanes), se intenta hoy día fomentar el cultivo y propagación de estas especies. A pesar que sabemos cuál será su destino...porque lo vemos día a día, en cada rincón de nuestra casa, con variada forma, sea castoril, sea ciervo colorado, sea diente de león, rosa mosqueta o conejo...el resultado es siempre el mismo: la degradación de nuestra morada, y con ello la degradación humana y pérdida en la calidad de nuestras vidas. Digno de orates: transformar a propósito el sueño de la casa propia en una horrible pesadilla.

Ya lo ha clamado el Vecino Francisco: el desafío urgente es el de proteger nuestra casa común. Y de unir los esfuerzos familiares en la búsqueda de un desarrollo que se construya sobre el conocimiento, que fomente el bien común actual y futuro, y que por sobre todo respete esta, nuestra única morada. Y este clamor tiene una sola respuesta en Magallanes: no más subsidio, ni promoción, ni manga ancha, ni puertas o ventanas abiertas a especies invasoras....sino todo lo contrario.

Fotos son de Muza, Wenborne, WCS



martes, 12 de mayo de 2015

¡Conserva conmigo conserva, hermano Americano!

Aunque necesarias, dentro de WCS tenemos escasas posibilidades de reunir a nuestros equipos que hacen conservación en la Región, los que estamos repartidos en más de una decena de países en América, incluyendo Norte, Meso y Sudamérica. Recientemente, y por cuarta vez desde que trabajo en esta organización, nos hemos juntado los Directores de países y de Programas, todos reunidos en Guatemala, por una semana para ponernos al día, alimentar nuestra estrategia de desarrollo, y fortalecer nuestro trabajo de conservación.

¡Qué IMPRESIONANTE conjunto de personas, pericia, capacidad y compromiso! Y qué ORGULLO conocer las experiencias maravillosas que mis colegas de WCS han construido a lo largo de nuestra América. Paso a paso, WCS ha echado a andar procesos de conservación reales, efectivos, tangibles, en Guatemala, Colombia, Perú, Ecuador, Bolivia, Brasil, Argentina, Paraguay, por nombrar algunos. Procesos que se construyen en cada caso de manera visionaria, integradora, con base científica, en alianza con comunidades, gobiernos, compañías, y todo actor necesario para completar la ecuación (todavía no resuelta) de la conservación. Procesos de demostrado compromiso personal, de largo plazo, que tienen siempre como objetivo mejorar las condiciones que permitan el bienestar de la gente y de la naturaleza que lo sostiene.

El discurso de conservación se hizo carne en Guatemala, cuando visitamos a la comunidad de Uaxactún, a pocos kilómetros de Tikal, y la vimos gestionando de manera efectiva más de 80,000 ha de selva Maya, extrayendo recursos del bosque, desarrollando nuevos mecanismos de incentivos y asistencia técnica, que permiten el fortalecimiento de la comunidad local y el uso sostenido de su bosque. Y este discurso, lleno de contenido, es proclamado no por WCS, sino por los propios y orgullosos, crecidos, y poderosos hombres y mujeres de la comunidad de Uaxactún. Este orgullo les permite pelear por su selva, atraer inversión, lograr apoyo político y ganar presencia en la capital, además de movilizar al mismísimo presidente de la Nación hacia el corazón de esta selva. Un tú a tú construido con sabiduría, dedicación y generosidad, en gran parte gracias al trabajo de WCS Guatemala, liderado por su Director Roan McNab.

Lo mismo ocurre en Bolivia, uno de los países con mayor riqueza natural del mundo, donde WCS lleva años abordando de manera integral la complejidad ecológica, social, cultural y económica, encontrando caminos para el desarrollo de las comunidades y la conservación de su riqueza natural. Lucidos resultados que incluyen no sólo flamantes áreas protegidas tropicales (Madidi) o de zonas secas (Kaa Iya), sino gente orgullosa y crecida en capacidad económica y de gestión de su propio destino. Trabajo de hormiga reina, liderado comprometidamente por Lilian Painter.

El mismo tranco marca el paso de WCS en Perú, en Colombia, en Ecuador, en Brasil... programas que acumulan décadas de experiencia y demostrado compromiso. Monumentales áreas protegidas establecidas, investigaciones relevantes a la conservación desarrolladas, aprendizajes mutuos con comunidades locales para mejorar conservación y bienestar presente y futuro, activa cooperación con gobiernos, tanto centrales como locales, para generar resultados tangibles que generen beneficio común. Uf...una constelación de experiencias y aprendizajes positivos, propositivos, cooperativos, integradores.

Equipos humanos de lujo. Originarios y/o presentes en cada país. Líderes inspiradores! Personas excepcionales: Lilian Painter, Roan McNab, Padú Franco, Mariana Montoya, Guillermo Harris, Adriana Burbano, Carlos Durigan, María del Carmen Fleytas...por nombrar algunos...todos diferentes, y por algún motivo que es el secreto de WCS, todos empujando nuestro continente (con su gente y su naturaleza) hacia un futuro más promisorio.

Una orgullosa hermandad me inunda e inspira cuando los pienso. Todos moviendo este vergel natural con la misma fuerza, capacidad, visión y arrojo. Fabricando instrumentos auténticamente efectivos, innovadoramente locales, visionariamente integrados. El esfuerzo americano de América total. Destinado a crecer y hacer estallar el destino glorioso de la biodiversidad de nuestra región. Y WCS-Chile es parte de este grupo. Y Karukinka es otro ejemplo de lo mismo! Y todos, incluyendo Chile, somos una sola conservación americana!

Las fotos son de Guillermo Harris

martes, 14 de abril de 2015

¡Enhorabuena! 30 años de investigaciones ecológicas en la Universidad de Chile*

Autoridades, invitados, comunidad de Ciencias, amigos…

La verdad es que no entiendo por qué Vivian Montecino me pidió esta presentación....me negué rotundamente a aceptarla...pero ella rotundamente se negó a aceptar mi negativa.... ¿qué podría aportar yo, como ex-alumna de esta Facultad, formada en Ciencias Ecológicas, quien ya no ejercía como científica, al ramillete de lumbreras que conforman este Departamento de Ciencias Ecológicas?

Me excusé diciendo pensaba lo más adecuado para esta celebración sería recibir el comentario de algún destacado científico o científica. Es lo esperable, no?

Aunque formada como tal, yo llevo un tiempo largo fuera de las lides tradicionales de la ciencia, trabajando en el “mundo real”, fuera de la academia… ¿qué podría yo decir de este departamento y la faculta de ciencias que lo alberga?

Sólo pensé en comentar que dondequiera que voy puedo distinguir claramente aquellos (lamentablemente escasos) profesionales que han sido formados en ciencias al alero de esta facultad y este departamento de ecología. Le dije a Vivian que yo atesoro a las personas formadas en esta escuela, pues ellos destacan no sólo por su capacidad analítica, formación fuerte en la disciplina ecológica, sino por poseer una ética y calidad de trabajo que revela compromiso, excelencia,  y vínculo con Chile y su patrimonio natural.

Que en mi trabajo diario, que me lleva a moverme entre ministerios, compañías de industrias variadas, sociedades científicas, escuelas, municipalidades, facultades y universidades variopintas…, cuando me topo con una ex-alumna de Ciencias, es como recibir agua fresca en el cuello. Dando sentido y esperanza a mi marcha.

Comenta eso justamente, me dijo Vivian….pues ves Vivian…ya lo dije.

La ecología busca entender los factores que determinan la distribución y abundancia de la biodiversidad en su composición, estructura y funcionamiento. Estas investigaciones abarcan todos los niveles de organización, desde la diversidad genética a ecosistémica. En diferentes ambientes: marinos, dulceacuícolas, incluyendo sistemas productivos como agroecosistemas, entre muchos otros. A diferentes escalas: local, regional y global.

El libro que hoy celebramos, es un ejemplo exacto que muestra cómo se urde la trama de nuestra disciplina: hebra tras hebra, laboratorio tras laboratorio, proyecto tras proyecto, ecóloga tras ecóloga, ecólogo tras ecólogo, cada uno y todos juntos, año tras año, abordando investigaciones ecológicas. Así ha sido el camino de este departamento. Así ha sido su aporte a Chile.

Un esfuerzo en su mayor parte invisible, ha ido permitiendo no sólo develar el alma de la naturaleza chilena, sino formar capacidad humana, cada vez más necesaria para enfrentar los desafíos actuales que enfrenta esta naturaleza, no solo a escala nacional sino también global.

En el transcurso de mi carrera, la que doy por iniciada apenas entrada a esta Facultad hace casi 30 años, he tenido el privilegio de conocer gran parte de nuestro territorio nacional. Comencé con salidas a terreno memorables, como la realizada al bosque relicto del Cerro Santa Inés en Pichidangui, a la sombra de la cola del Cometa Halley en el curso de botánica impartido por Juan Armesto; pasando por una inmersión de semanas al bosque valdiviano en el Parque Puyehue, como ayudante de campo ("goma no calificada") de Mary Kalin; hasta el brutal entendimiento y valoración de los ecosistemas de matorral de Chile central, en un incendiado experimento de larga escala que intentara realizar Javier Simonetti en las cercanías de Casablanca.

Tal como se acumulan los relatos de este libro, mi formación y trabajo como ecóloga me ha permitido conocer de primera mano desde las cercanías de Visviri hasta el mismísimo Cabo de Hornos, tanto en su superficie como bajo del agua. He podido palpar nuestra naturaleza, la misma que es sustrato de la ecología chilena, y amar cada una de sus manifestaciones:

Asombrarme en el norte con los ecosistemas alto andinos, la tola, lagos y salares, escuálidos bosques de tamarugo, vegas prodigiosas, que aunque sobrepastoreadas y desecadas producto de su utilización de miles de años por comunidades e industrias variadas, conservan aún el resplandor que emana la vida en el medio del desierto.

Sobrecogimiento al experimentar la glamorosa y rara vida del desierto florido, con sus decenas de ex-tímidas flores asomando impudorosas en el pardo fondo del lienzo del norte chileno. Un despliegue lamentablemente poco frecuente de colorido chilenismo.

Asombro y excitación al recibir el rocío que escurre de hojas de lingues y bellotos…sentir la historia milenaria de estos remedos de gloriosos bosques pasados en su profunda y cada vez más rara fragancia. Constatar la existencia y valor de estos tesoros esmeralda, a pasos de las más grandes urbes en Chile central, invisibles a la mayoría. Pensar que bosques como estos, cubrieron y dieron vida al Chile inicial, y que hoy están perdidos, tal como parece haber perdido su rumbo nuestro país.

Zorros, pumas, güiñas, monitos del monte, resistiendo junto a acorralados fragmentos de bosque sureño, ahogados por el tsunami verde de pinos insigne. Una marea descontrolada que arrasa a su paso no sólo a poblaciones humanas, sino aquellas de plantas y animales vecinos, especies nativas, y junto con ello a toda su profunda y compleja historia pasada…, y probablemente su historia por venir.

¿Qué más puede pedirse a la vida, cuando una ha sido regalada con la caricia del viento fresco en la cara (y en la mente), mientras se navegan fiordos de belleza suprema, y se escucha el revoloteo de toninas, pingüinos, albatros y cormoranes, que danzan alrededor, escoltando con desmerecida generosidad, el paso de nave y civilización?

¿Qué otro mejor momento puede ser vivido, que aquel que te permite contemplar un horizonte sin frontera, de rojo y verde-amarillo bosque en Tierra del Fuego, en el Valle La Paciencia en otoño, mientras se experimenta un extraño paisaje denudado de gente, colmado de espíritus humanos desaparecidos? Un augurio del futuro por venir…en un mundo donde todavía el valor de nuestra naturaleza, de nuestra biodiversidad, de nuestro capital natural, es desconocido e invisible.

Y yo he sido capaz de ver todo esto…y más…tanto más. De disfrutar y sobrecogerme con cada rincón de nuestro paisito gracias a que soy ecóloga. Pues tempranamente en esta facultad, con gran parte de los autores de este libro, aprendí a mirar lo que pocos en nuestro país son capaces de ver: los sistemas naturales chilenos. Sus poblaciones de plantas, animales, y otros bichos menos conspicuos, pasados y actuales. Aprendí a verlos en profundidad, entender parte de sus historias, identificar los factores que los promueven, y sobre todo que los amenazan. Una lectura de Chile tan importante, como desconocida…

¡Qué ganas de invitar a recorrer este camino a miles! Qué ganas de que estudiantes de provincia, ante la disyuntiva de decidir dónde desarrollar sus carreras, pudiesen contar con el generoso consejo de su profesor de biología, indicando: “el mejor lugar para aprender ciencias y ecología es la Facultad de Ciencias de la Universidad de Chile. Ándate para allá”. Como me dijera Ramiro Bustamante, mi profesor e inspirador, hoy Director de este departamento, despertando la ira de mi padre más bien conservador.

Porque hoy día vemos un país que está estallando…haciendo aguas por muchas partes. Dejando escapar su savia interna por lo agujeros que deja la ignorancia de intentar construir riqueza sin conocer ni resguardar el mayor valor que poseemos: que es nuestra naturaleza. Un país que se ha construido a retazos, remendados por profesionales, fundamentalmente abogados (sin ofender a Ana Lya) o ingenieros, la gran mayoría iletrados en ecología, intentando levantar un andamiaje precario a espaldas del valor fundacional y estructural que otorga nuestra natura, clave para sostener y generar bienestar para nuestro país y nuestras gentes. Si consideramos que toda nuestra “creciente” economía depende del uso directo de recursos naturales…, aquellos que sabemos de ecología podemos afirmar que sólo manteniendo ecosistemas y poblaciones naturales pujantes y sanas, podremos ser capaces de sostener o incluso aumentar esta o cualquier otra producción en Chile.

Si consideramos que el agua fresca, el aire puro, la fruta y proteína sana, son la fuente primaria y última de bienestar humano, y que cada una de ellas es producida o sostenida por nuestra naturaleza, por poblaciones de microorganismos, plantas y animales tan diversos como únicos. Si supiéramos esto, nuestro fundamental interés como nación debería estar en escudriñar cada una de dichas poblaciones, entender cómo, cuándo,  dónde, por qué…en fin, hacer ecología…mucha ecología….

Son estas el tipo de preguntas que ecólogos y ecólogas de este departamento, década tras década han ido abordando, descubriendo en ese camino como dije no sólo el alma de la naturaleza chilena, sino más y nuevas preguntas que esperan ser resueltas. Pero el avance de las ciencias es mayoritariamente lento. Y si algunos creen en que los cambios de paradigma pueden voltear la visión y el entendimiento del mundo rápidamente, la verdad es que las nuevas verdades y el nuevo conocimiento, se abre paso lentamente, poco a poco, sorteando un mar de personas ciegas y sordas a los nuevos contenidos. Y este camino se hace aún más calmo, cuando como en el caso de Chile, se invierte poco o nada en investigaciones con sentido local, y cuando la masa crítica de científicos, especialmente de ecólogos es pequeña, y por lo mismo casi invisible al resto del país.

Y es en este preciso punto entonces, que creo entender por qué Vivian decidió invitarme a mi a presentar este libro. Porque una de las cosas que puede ayudar en este proceso de cambio de paradigma son las diásporas, como la mía. Son los mensajeros convencidos, comprometidos, enamorados del mensaje. Como yo. Y esta es la labor que he desarrollado con brío y desfachatez durante mi vida post-facultad de ciencias.

He llevado el mensaje de la ecología, del valor de la naturaleza chilena, de la importancia de escudriñarla y conocerla dondequiera que he estado. He llevado la bandera de la conservación de nuestra biodiversidad, con ciencia, a muchos rincones de Chile, incluyendo incluso al mismísimo mundo de las ciencias ecológicas, a través de mi activa participación en la Sociedad de Ecología de Chile.

Por una década ya, he liderado un proyecto de conservación en Tierra del Fuego, continuando y profundizando un trabajo pionero de Mary Kalin y un grupo de ecólogos nacionales, hecho obviamente mencionado por ella en su capítulo de este libro. He utilizado dicho proyecto como un laboratorio natural de sobrecogedora belleza (práctica aprendida en este Departamento), para poner a prueba nuevas y más poderosas herramientas para la conservación en Chile.

“Piensa en grande”…. fue quizá el aprendizaje más importante que recogí de mi mentor Javier Simonetti (el que por alguna razón que no quiero conocer no escribió capítulo alguno en este libro departamental). Y es que pensando en grande, hemos logrado promover bajo mi liderazgo, una visión bi-nacional para abordar el problema de la invasión de castores en Patagonia Austral. Un problema que discutimos más de alguna vez con Ana Lya mientras fue Ministra de Medio Ambiente, hoy se hace patente en lo que esperamos sean los experimentos más grandes desarrollados en Chile (y Argentina) para aprender a manejar esta y otras especies invasoras, los que ejecutaremos en coordinación con agencias del estado, tanto en Chile como en Argentina, con socios privados locales y apoyo del mundo global experto en  gestión de invasiones.

Es pensando en grande, que estamos empeñados en promover la conservación de las costas de Patagonia, las más extensas de esta parte del planeta, sostenedoras de variadas industrias, bullantes en poblaciones de plantas y animales endémicos, atractivos, valiosos para comunidades locales y globales, por centenares de años. Hoy, menos del 0,1% de esta costa cuenta con protección (en el papel al menos), y nosotros ya hemos iniciado un camino para aumentar su protección. ¿Cómo? Desarrollando investigaciones ecológicas, de distribución y abundancia de organismos, de identificación de procesos ecológicos relevantes para la mantención de dichas poblaciones, y sobre todo generando espacios de confianza para compartir estos aprendizajes, canalizar conocimiento y anhelos locales, así como para desarrollar herramientas efectivas (no de papel) de conservación de esta parte del mar nacional.    

Pensando en grande también, es que estamos llevando la buena nueva de la conservación al corazón mismo de la actividad productiva nacional (hoy por hoy casi siempre destructiva), trabajando con el mundo minero y otros, promoviendo la adopción de visiones de desarrollo que consideren principios socio-ecológicos, y como consecuencia de ello, resguarden la base natural que los sostiene. El paso más importante por ahora en este proceso, es justamente acompañar a este mundo ciego a naturaleza, en el desarrollo de variadas y efectivas herramientas de conservación, donde casi siempre es necesario incluir investigaciones en ciencias ecológicas.

Pensamos en grande, cuando bajo mi Presidencia, logramos convocar por primera vez de manera colegiada, a ecólogos nacionales para aportar a la discusión del proyecto de Ley que espera crear el Servicio de Biodiversidad y Áreas Protegidas chileno. Este proceso, iniciado hace más de un lustro, espera entregar a nuestro país, por primera vez en toda su historia, una agencia estatal que tenga como mandato explícito la conservación de toda la naturaleza chilena. Delicada materia prima del quehacer ecológico nacional. Este proyecto ha iniciado recientemente su camino en la Cámara, y esperamos se vea aprobado durante el presente gobierno, pues es una de sus 50 prioridades. Y estamos trabajando, junto a ecólogos del país, para que la letra de su contenido, refleje los principios básicos y conocimiento actual de la biodiversidad chilena, muchos de cuyos aprendizajes han sido generados por ecólogos de este departamento, ya sea directa e indirectamente. 

Una vez aprobada esta Ley, se abrirá un nuevo espacio, todavía desconocido, para canalizar el resultado de investigaciones ecológicas chilenas. Será tarea de este departamento ver si desea integrarse más directamente a dicho espacio, y definir cómo hacerlo. Considerando sin embargo, que muchos de los autores del libro hacen referencia al uso potencial de sus investigaciones para manejo, conservación, o cambio climático, (relacionados por ejemplo a invasiones biológicas, limnología, productividad marina, reproducción de plantas, ecología molecular, ecosistemas), es esperable que se abra más de un canal de participación entre este futuro Servicio de Biodiversidad y los generadores de conocimiento básico sobre dicha materia, científicos y científicas de este departamento.

Uno de los desafíos sin embargo que no he podido resolver, que agita mi sueño y alarga mis noches, es cómo escalar los aprendizajes en ecología y conservación, a niveles que permitan impactar más y más efectivamente, procesos de toma de decisión variados: tanto locales, como nacionales, tanto en ámbitos públicos, como privados. Existe tanto conocimiento, tanta experiencia…¿cómo lograr que ella corra por las venas del Chile que necesitamos construir?

Simbiosis actinorrícica, microbiota rizosférica, síntesis de astaxantina, nerítica, simorfosis, migalomorfas, antidiuresis…son algunos de los conceptos que naturalmente cruzan la literatura ecológica de este departamento, presentes en este libro y que tienen poco o ningún significado para el común de los mortales. Tengo la intuición que un esfuerzo interesante de realizar, pensando por ejemplo en los próximos 30 años de este departamento, es escalar el aprendizaje de la ecología, sus bases conceptuales más sencillas, y sus aplicaciones a los sistemas nacionales, a la mayor parte de los profesionales chilenos. Así como hoy es impensable preparar ingenieros, abogados, médicos, profesores, y otros, que carezcan de aprendizajes mínimos en matemáticas o lenguaje, quiero imaginar que en 30 años, será impensable producir profesionales analfabetos en ecología, como ocurre hoy en día.

Especialmente porque el resultado de este analfabetismo, los vemos hoy por doquier: proyectos proyectados en el vacío, desconociendo las interacciones y complejidades inherentes a los sistemas ecológicos, y por extensión de ella, de las comunidades humanas asociadas. El resultado de este atraso, es lo que alimenta gran parte del trabajo de quienes hoy trabajamos en conservación. Cuánto más sencillo sería, si hordas de ecólogos y ecólogas de esta facultad, pulularan llevando la mirada simple de esta ciencia a cuanto proyecto y toma de decisión apareciera por nuestro país.

En 30 años anhelo con frenesí que cada profesional chileno haya pasado por un curso de ecología, y tenido la oportunidad de conocer el ABC de nuestra disciplina, y de cómo ella se manifiesta en nuestros ecosistemas y poblaciones nacionales. Matemáticas, lenguaje, inglés, son lecciones básicas que nadie negaría a la formación de profesionales. Ecología es el eslabón que falta para completar esta cadena. Distingo en esta visión a este Departamento, liderando el desarrollo de un currículum mínimo en ecología, definiendo sus estándares de calidad, así como entrenando a los entrenadores en la disciplina. No es posible seguir planificando el desarrollo de un país completo, a espaldas del escenario ecológico que podría ser capaz (o no) de sostener dicho desarrollo. En esa construcción el rol de este Departamento, justamente porque alberga a un ramillete privilegiado de ecólogos nacionales, y porque es parte de esta Universidad pública, debiera ser pivotal.

Una diáspora masiva, nativa, que permitiera no sólo llevar la buena nueva de la ecología chilena a chilenos, sino más importante aún para las ciencias ecológicas mismas, pudiese canalizar las nuevas y variadas preguntas esperando por ser respondidas a lo largo y ancho de Chile. Alimentado la ciencia nacional, generando más y nuevas investigaciones. Buenas preguntas yacen esperando ser respondidas en las afueras de esta facultad, cuya respuesta puede hacer bien a Chile y a esta Universidad. Producto de esto, en 30 años visualizo todo Chile prospectado en sus componentes naturales, y los mecanismos básicos que explican su funcionamiento entendidos. No sólo por los científicos expertos, sino por la comunidad amplia nacional. Generando identidad. Develando la complejidad contenida en nuestro largo y aparentemente simple país. Ofreciendo amplias alternativas para diseñar futuros con bienestar común.

Porque cada logro de este departamento ha sido imaginado, empujado, ejecutado y celebrado por personas específicas, mujeres y hombres de carne y hueso, sensibles y entregadas a su trabajo de investigación, antes de terminar, quiero compartir unas palabras relacionadas con Alberto Veloso. Primer Director de este Departamento, con quien tengo una especial relación, pues es el padre de mi actual pareja, y abuelo de todos mis hijos.

Quienes conocen a Alberto estarán de acuerdo conmigo que no es un dulce de leche. De carácter fuerte, tozudo y obsesionado con sus temas (pocos de la lista de autores de este libro no lo son en realidad!), científico fundacional de la herpetología chilena, conocedor como pocos de la biología y ecología de sus bichos favoritos: sapos y lagartijas.

No siendo precisamente el tata colores, Alberto ha sido un ejemplo de entrega y compromiso con la Universidad de Chile y especialmente con este Departamento. Su visión para la Universidad de Chile siempre ha sido en grande, dedicando parte importante de su vida a construir comunidad universitaria, y generando y aprovechando oportunidades para hacer avanzar sus dos grandes amores: la ciencia, amparada en esta casa de estudios. Su legado ya ha hecho mella en su familia sanguínea, tanto como en su gran familia académica.

Ahora que Alberto está de salida, y mirando los antiguos/nuevos desafíos que enfrenta este Departamento, creo firmemente que una pieza clave para el éxito de las próximas décadas, estará sostenido y podrá crecer con compromisos y entregas como las de Alberto Veloso. Convocando, reuniendo, sumando. Tanto dentro como fuera de este grupo de científicos y sus estudiantes asociados. Con una visión clara y un compromiso como el que solo tienen los científicos de esta facultad y este departamento, avizoro un paso firme y sin pausa hacia un futuro benevolente con la disciplina, con sus profesionales, y finalmente con nuestro país.

42 autores dan vida a este volumen, incluyendo investigadores y estudiantes. Casi la mitad son científicos con larga trayectoria nacional. Solo 17 de estos autores son mujeres. No puedo dejar de pensar en la construcción de los próximos 30 años de este departamento, explicitando el deseo de una mayor participación femenina en dicha obra. Tal como hoy celebramos el lanzamiento de este libro, el cual fue posible gracias al tozudo trabajo de dos mujeres, de dos generaciones diferentes, que hacen ecología en sistemas y escalas claramente disímiles.

Espero que la posta de las investigadoras históricas pueda ser pasada una y otra vez a jóvenes mujeres científicas, chilenas o extranjeras. Pudiendo sumar así más y mejores científicas al servicio de la ecología nacional,  y completar con ello la mitad que falta y que es necesaria, para una construcción más acabada del departamento de ciencias ecológicas del año 2045.

Es mi feminista anhelo. Es mi pequeño motor para el tiempo que me queda. Es mi compromiso con la ecología nacional.

Felicito a Vivian y Julieta. Agradezco la oportunidad de compartir estas reflexiones. Y quedo atenta en lo que pueda ayudar, dondequiera que me encuentre, en esta tarea.
Gracias


*Discurso presentado para el lanzamiento del libro "Ciencias ecológicas: 1983-2013, treinta años de investigaciones chileas", editado por Vivan Montecino y Julieta Orlando. Editorial Universitaria, 2015.

viernes, 10 de abril de 2015

Preguntas por preguntar, turberas de Karukinka por explorar!*

Ministra Aurora, Intendente, Gobernador, Alcalde, otras Autoridades regionales, colegas de WCS, vecinos y amigos de Karukinka.

Este es un día muy especial y esperado para nosotros. Hace una década casi exacta, arribamos a Tierra del Fuego para traer nuestra visión de conservación a Chile: una mirada nueva, abierta, integradora, que sumara al esfuerzo común de desarrollar nuestro país. Aportando con herramientas de la conservación de biodiversidad, tan desconocidas como críticas, para avanzar hacia la sustentabilidad.

Nuestro caminar ha sido virtuoso e inspirador. Nuestra presencia acá hoy, un puñado de mujeres y hombres chilenos, de origen variado, congregados en uno de los valles más hermosos de Tierra del Fuego, es una linda y fría metáfora del camino que hemos recorrido, y sobre todo de la senda que estamos abriendo para el resto del país.

El Ministerio de Minería, que lidera la actividad económica más importante de Chile, la materialización del paradigma de nuestra economía que hace uso directo de los recursos naturales, entrega a Karukinka una herramienta para avanzar en la conservación de sus ecosistemas de turberas, los humedales más importantes de esta parte del mundo.
Se reúnen hoy en este valle estos dos polos, erradamente considerados antagónicos, de la producción y la conservación.  Aunque poco reconocidas, las relaciones entre la conservación de la biodiversidad y la producción y bienestar de la población son tan variadas como significativas. 

La anónima verdad es que la biodiversidad provee todos los servicios que sostienen la vida humana y generan su bienestar. Y es en torno a esta biodiversidad, sobre lo que se sostiene toda actividad productiva humana, incluyendo nuestra actividad minera. Su conservación por lo tanto, no es solo un capricho del mundo verde, sino un clamor del mundo científico experto, como es nuestro caso, por ampliar y completar el entendimiento más profundo de los sistemas y procesos que nos permitirán (o no), seguir avanzando hacia un país de mayor desarrollo, con sustentabilidad.

Este es el mensaje claro y simple que hoy día enviamos desde este confín al resto del país: la integración de la conservación con la producción es posible. Es necesaria. Hay que hacerla crecer. Y este es el compromiso de WCS en Chile: ofrecer las mejores herramientas de la ciencia, educación e integración, para ir urdiendo esta conexión, desarrollando y poniendo a prueba nuevas y variadas formas que permitan conectar estos mundos. Lo venimos haciendo desde hace años, de manera silenciosa y permanente.

Hemos logrado atraer la atención y compromiso de autoridades nacionales, para enfrentar de manera integrada el problema de la invasión del castor. Apoyamos a la comunidad magallánica con el programa de educación ambiental más importante de esta parte de la región. Apoyamos tanto al Ministerio de Medio Ambiente en la promoción de la Ley de Biodiversidad y Áreas Protegidas, así como al Consejo de Innovación para el Desarrollo en la generación de una plataforma que permita la sustentabilidad de la producción minera. Son estos algunos de los ejemplos, por muchos desconocidos, con los que WCS y Karukinka sellan su compromiso.

De especial importancia para nosotros es el desarrollo de experimentación para dar con innovadoras herramientas. Este trabajo normalmente se realiza en laboratorios, y Karukinka es un bello y vasto laboratorio natural para dar rienda suelta al trabajo imaginativo e inclusivo de la sustentabilidad, que permita no sólo conservar sus turberas, sino aportar a la conservación y uso sostenible del resto de los recursos naturales de nuestra nación.

Este es un paso importante, el que agradecemos hoy al Ministerio de Minería. Para llegar hasta acá hemos dado muchos pasitos como este, y hemos transitado esta senda gracias al apoyo de muchos. Cada uno de los logros que realizamos se debe al comprometido y generoso trabajo de personas. Me gustaría poder nombrar a cada una de ellas ahora, en reconocimiento y agradecimiento…ello no es sin embargo posible, pero debo destacar:

Primero que todo a los miembros de nuestra organización: nuestros guardaparques, héroes de fin de mundo, quienes día a día, contra viento y marea (literalmente), ponen lo mejor de si velando para que estos parajes se recuperen y permanezcan para el goce y disfrute de todos, incluyendo los por venir.

Nuestro equipo de técnicos, profesionales y científicos, tanto chilenos como extranjeros, quienes han ido poco a poco develando este rincón de Tierra del Fuego al resto de nuestros vecinos, abriendo sus puertas a científicos, estudiantes, visitantes y vecinos de la más variada pinta.

En el nombre de Laura Novoa, también quiero agradecer al Consejo Asesor de Karukinka, con quienes tantas veces discutimos cómo avanzar la conservación de nuestras turberas. Este día hace patente esa labor persistente, silenciosa y generosa.

Al equipo de Barros & Errázuriz, liderado por Sebastián Donoso y Mara Angelini, quienes nos acogieron con maravillosa generosidad, ejecutando las movidas legales que hoy nos permiten estar acá. Ellos son los responsables últimos de este logro.

A nuestros compañeros de ruta del Ministerio de Medio Ambiente, Agricultura, Universidad de Magallanes, Estudiantes y profesores de Tierra del Fuego, y tantos otros magallánicos con quienes llevamos años realizando acciones de investigación y educación de este patrimonio común. Algunos de ellos ya no están con nosotros, como Sergio Opazo y Carolina Tapia. La conservación de estas turberas que pisamos hoy, que admiraron ellos ayer, son nuestro póstumo homenaje a su compromiso y dedicación.

Y finalmente al Ministerio de Minería, por entregar la llave que nos permita abrir la puerta al futuro de estos ecosistemas. Y esperamos con ello, continuar explorando nuevos y variados caminos de integración y sustentabilidad para nuestro país.

Pero este respaldo plantea un gran desafío. No sólo para WCS, sino para el resto de los actores hoy aquí reunidos. Nuestro norte (aunque debiera decir nuestro sur) es desarrollar todo el potencial de este laboratorio austral, preguntando preguntas pertinentes y valiosas para resolver problemas de desarrollo con conservación.

De las turberas en particular sabemos casi nada. Pensamos erradamente en ellas como bosques pigmeos y hacemos esfuerzos a ciegas por cosechar sus frutos. ¿Cuáles son las verdaderas dimensiones de estos ecosistemas, no sólo en superficie, sino en profundidad, en contenido de agua, carbono, especies? ¿Cuáles podrían ser sus productos más valiosos, no sólo en el corto, sino en el largo plazo? ¿Agua, carbono, productos naturales? ¿Cómo se relacionan estos ecosistemas con el resto de los existentes en Patagonia: praderas, bosques, costas? ¿De qué manera podemos acceder a estos recursos, generando el máximo beneficio común, tanto para la comunidad magallánica de hoy, como para la futura?

Nuestra tarea es y seguirá siendo abordar estas y otras preguntas. Y sólo podremos hacerlo sumando visiones y esfuerzos: desde el mundo productivo y desde la conservación. La unión hace la fuerza. Pero más importante que eso, la fuerza que necesitamos para avanzar en sustentabilidad está en la unión innovadora y desafiante de inteligencia diversa.
Nuestro país clama por ambas: la fuerza de la producción, motor clave para aumentar niveles de bienestar.  Y la fuerza de la conservación, pieza clave para ampliar y sostener este bienestar en el tiempo.

Ese es el mensaje que hoy enviamos al resto del país. Esa es la invitación que hoy hacemos aquí. Y ese es el compromiso que WCS reafirma este día. Con Tierra del Fuego. Con la Región de Magallanes y con Chile.


Gracias

*Discurso ofrecido en Valle La Paciencia, en Parque Karukinka, al momento de ser declarada Área de Interés Científico para fines mineros, el pasado 7 marzo, 2015
Foto de Ricardo Muza

miércoles, 3 de diciembre de 2014

Suma y sigue! El Foro para la Conservación del Mar Patagónico*

Chile
Pequeño territorio, 
no pequeña nación;
suelo reducido, 
inferior a las ambiciones 
y a la índole heroica de sus gentes. 
No importa: 
¡Tenemos el mar..., el mar.... el mar ...!

Reciba cada uno de ustedes mis saludos y agradecimientos por acompañarnos esta mañana.
Estas son palabras de Gabriela Mistral. Una chilena casi como cualquiera de nosotras: enamorada de su país y de sus hermanos latinoamericanos. Ávida por descubrir sus gentes y sus paisajes. Y sedienta por aportar a la construcción de un país más amable y generoso para todos.

¡Y los que estamos aquí, amamos Patagonia! Esa fría madre blanca que da cobijo a prácticamente toda la costa de nuestro país. 

Ese mar tan generoso como desconocido, de riquezas remotas y espectaculares, nos hermana fresca y tumultuosamente con nuestra vecina Argentina. 

Una de las regiones con menor presencia humana, alberga vastos espacios prístinos, opulentos en especies y espacios naturales. Todas rarezas en un mundo hiper-poblado y demandado por la ubicua presencia humana. Estos factores se ciernen al mismo tiempo como amenazas más que tangibles sobre estas frías aguas. 

Activa y apartada, las costas de Patagonia han permanecido casi invisibles a los ojos de muchos, ostentando hoy día una casi nula protección, la que en una desigual lucha tipo David y Goliat, enfrentan una creciente demanda de uso y producción. 

La organización que dirijo, Wildlife Conservation Society, ha construido desde hace décadas una visión y trabajo de conservación que abarca la Patagonia toda. Materializando el ideal integrador de nuestra Premio Nobel, esta visión se basa en la alianza fraternal y efectiva de nuestros esfuerzos para construir y entrelazar áreas de conservación en las costas de Patagonia….que cual barcas pródigas nos permitan llevar este vasto litoral desde nuestro siglo al próximo. Y asegurar con ello un futuro perpetuamente pujante para las generaciones de humanos y de otras millones de especies por venir.

El éxito en la construcción de esta visión depende de nuestra capacidad y disposición para zambullirnos en las maravillosas aguas patagónicas. Tal como lo hiciera Mistral hace casi un centenar de años, esperamos hoy aventurarnos a nuestro norte, que es en realidad este sur. 

Esperamos en este viaje entrelazar nuestra mirada de conservación científica, con la lúdica mirada de un joven documentalista nacional. Sabemos que la historia futura de la conservación de estos mares, sólo puede ser entretejida con integración. 

La ciencia de la mano con el manejo. El uso de la mano de la protección. La educación abrazada al goce y la pasión del descubrir. Chile de la mano con Argentina...

Por esta razón, presentamos hoy a ustedes a Claudio Campagna, Científico y conservacionista argentino. Especialista en comportamiento y demografía de mamíferos marinos de Patagonia. Claudio pertenece al Programa Marino de Wildlife Conservation Society, y es Investigador del CONICET. Es miembro de varias organizaciones no gubernamentales, nacionales e internacionales, dedicadas a la conservación de la biodiversidad del mar, y fundador del Foro para la Conservación del Mar Patagónico.

Y contamos con la singular y estimulante presencia de René Araneda. Joven Explorador y documentalista nacional, y presentador de contenidos sobre vida silvestre. Es creador del programa de televisión Garonga Safari y director, productor y presentador de “Wild Expectations”, serie documental sobre la vida silvestre, de reconocida calidad y frescura a nivel internacional. 

Dos miradas, dos vidas, dos países, miles de especies. Una sola misión: aportar al conocimiento, valoración y conservación de las costas de Patagonia. En beneficio de chilenos. En beneficio de argentinos. Una generosa contribución austral al bienestar presente y futuro de la humanidad toda.   
Gracias a Claudio. Gracias a René y gracias a cada uno de ustedes por aportar a este proceso de construcción.




*Palabras de bienvenida, ofrecidas en la presentación del Coloquio "Mar Patagónico: un ecosistema compartido que requiere de la cooperación regional" (28 de octubre, 2014), como parte del Programa de Difusión y Sensibilización Ciudadana del Proyecto MMA / GEF-PNUD « Creación de un Sistema de Áreas Protegidas para Chile» (Proyecto GEF SNAP).