domingo, 21 de julio de 2013

El círculo virtuoso y desconocido de biodiversidad y negocios*

Aunque poco reconocidas, las relaciones entre biodiversidad y negocios son tan variadas como significativas. La anónima verdad es que la biodiversidad genera todos los productos que consumimos (ej. alimentos, agua), casi todo lo que utilizamos (ej. materiales, medicinas, fibras), así como provee los servicios más fundacionales y ubicuos que sostienen la vida incluyendo generación de suelo, ciclaje de nutrientes, u otros que afectan más directamente nuestro bienestar como polinización y control de desastres naturales. La biodiversidad es tan poderosa que incluso provee servicios de orden educativo o espiritual, que son aprovechados ampliamente por nuestra especie.

A lo largo del desarrollo de las culturas humanas, cada uno de estos productos o servicios ha constituido la base directa o indirecta sobre la cual se han construido los más diversos negocios. Muchas veces la relación entre negocio y biodiversidad es directa como es el caso de la economía chilena, cuyas industrias más importantes como la forestal, pesquera, acuícola, agrícola, o turística dependen directamente de los servicios que presta la biodiversidad contenida en los ecosistemas terrestres, marinos y acuáticos nacionales. En muchos otros casos como la industria financiera, la relación del negocio con la biodiversidad es indirecta, y aunque más difícil de ver, ella siempre está ahí. Y dada la naturaleza de la biodiversidad, la manifestación de esta relación es siempre local, producto de historias evolutivas y sociales únicas e irrepetibles.

Las actividades humanas, especialmente las productivas afectan negativamente a la biodiversidad, lo que ha generado el más importante (y quizá el menos conocido) de los cambios globales. Nunca antes en la historia del planeta Tierra se ha constatado una tasa de pérdida de biodiversidad como la que experimenta hoy el Antropoceno. Día a día son miles las especies o ecosistemas que se degradan o desaparecen, lo que finalmente deriva en la interrupción de la amplia (y todavía desconocida) variedad de servicios que presta la biodiversidad. Esta pérdida conlleva riesgos a todo negocio, y dada su naturaleza irreversible si no es manejada a tiempo termina provocando el colapso no sólo de industrias específicas, sino de economías completas. El desplome de la industria salmonera en el sur de Chile es un ejemplo claro de esto. Pero no es el único. A la vez, la erosión del capital natural reduce la oportunidad para desarrollar futuros negocios, así como de innovar para mejorar los negocios existentes.

La crisis de la biodiversidad representa riesgos para las empresas, en el ámbito operacional al reducir el acceso y disponibilidad de insumos; en materia regulatoria ya que deben enfrentarse a requerimientos más estrictos; y en términos financieros al enfrentarse a mercados y acceso a financiamiento más exigentes en términos de gestión del impacto sobre la biodiversidad. A la vez, una mala gestión de la biodiversidad conlleva un alto riesgo reputacional, poniendo en peligro la licencia social para operar. Todos estos riesgos, abordados de manera preventiva y con la mirada adecuada, pueden ser transformados en oportunidades que aumenten la competitividad.

A pesar que se reconoce el efecto negativo que tienen los negocios sobre la biodiversidad, resta por desarrollar y fortalecer mecanismos que desde la industria puedan reducir dicha pérdida, o incluso revertirla. Este es efectivamente el desafío más crítico para lograr la sustentabilidad: mantener y recuperar el capital natural a escala local. Este desafío está siendo reconocido de manera explícita no sólo por los organismos globales de conservación (por ejemplo Convenio de Diversidad Biológica, Uniónpara la Conservación de la Naturaleza), sino especialmente por organismos de cooperación y desarrollo como la OCDE, o el International Finance Corporation del Banco Mundial, quienes han desarrollado políticas explícitas que promueven y solicitan la conservación de la biodiversidad por parte del mundo de los negocios.

De particular relevancia resulta el liderazgo que ha tomado la minería a nivel global en la adopción de políticas de pérdida neta cero en biodiversidad, lo que está permitiendo la incorporación de esta variable tempranamente en la planificación e implementación de proyectos. Esta integración permite evitar y minimizar impactos sobre  biodiversidad en los sitios de extracción, y cuando ello no es posible, asumir la implementación de compensaciones óptimas  (offsets) destinadas a restablecer la biodiversidad perdida. Directrices explícitas para ejecutar estas políticas están siendo evacuadas no sólo por compañías como Río Tinto o BHP, sino fomentadas por organismos corporativos como el International Council for Miningand Metals.

Los gobiernos de la región, incluyendo Chile, Perú, Colombia, Ecuador han comenzado a explorar y promover la compensación óptima en biodiversidad, para que pueda ser realizada por compañías bajo el sistema de evaluación de impacto ambiental. Este mecanismo ofrece la posibilidad de acotar el impacto sobre la biodiversidad, diseñando una estrategia para compensar dicho impacto por parte de la empresa.

El establecimiento de compensaciones óptimas es un proceso en construcción, y que requiere la participación no sólo del Estado, quien debe proveer una planificación nacional y regional de ecosistemas y áreas o especies relevantes para la conservación, sino de las empresas ejecutoras de proyectos. Ellas deben conocer del valor de la biodiversidad en los sitios en que se emplazarán sus proyectos, no sólo en su identidad (¿qué hay?), sino especialmente su funcionalidad (¿qué rol cumple?). Se requiere para esto un conocimiento profundo de los sistemas naturales, el que deberá ser provisto por científicos a lo largo y ancho de Chile. Las compañías deberán planificar sus actividades minimizando la sobreposición entre operación y biodiversidad de valor. Esto no sólo minimiza el riesgo innato que deriva de un manejo deficiente del capital natural, sino que en general reduce costos de operación, y minimiza conflictos con actores relevantes.

Wildlife Conservation Society (WCS) ha impulsado el desarrollo de las compensaciones óptimas en el mundo, liderando el programa Bussiness and Biodiversity Offsets PRogramme (BBOP). Corresponde éste a un consorcio conformado por agencias globales de conservación, estados, empresas y ONGs, el que ha desarrollado no sólo los conceptos, sino también la puesta en práctica de las compensaciones óptimas.  En países de la Región como Colombia y Perú, además de Chile, WCS ha apoyado al Ministerio de Medio Ambiente y compañías con el objetivo de dar a conocer esta herramienta y de su valor para promover no sólo la conservación de la biodiversidad, sino la sustentabilidad de las industrias de la Región. En nuestro país, dada la distribución geográfica de la industria nacional, existen condiciones ideales para el desarrollo de mecanismo de compensaciones óptimas por sector incluyendo no sólo el minero, sino otros como el energético, vitivinícola, o la salmonicultura en Patagonia. Ofreciendo un punto de encuentro que permitiría equilibrar el desarrollo con la conservación en nuestro país. Y aunque pueda resultar contradictorio, la oportunidad a las empresas nacionales de liderar la conservación en las áreas de producción, que es donde finalmente más necesidad se tiene de conservar el capital natural que las sostiene.

*Escrito por B Saavedra & C Silva. Publicado en Diario El Pulso, Julio 18, 2013

domingo, 23 de junio de 2013

“Ensayos", el arte de la conservación de Patagonia o el lienzo verdeazulado que pintamos en Karukinka

La ciencia de la conservación es una disciplina joven que nace para enfrentar el problema global de pérdida de biodiversidad, que quizá es el desafío más grande y menos conocido que encara hoy la humanidad. Nombrada antes como naturaleza, la biodiversidad es la matriz que genera y sostiene la vida que conocemos ahora, especialmente la humana. Nuestra sobrevivencia como especie depende de la existencia de toda la variedad de organismos que puebla nuestras tierras y mares. Pues directa o indirectamente todo lo que comemos, respiramos, tomamos, vestimos, usamos, proviene de la biodiversidad. Y nuestra Tierra, como nunca antes, enfrenta actualmente la pérdida masiva de su naturaleza: sus especies y poblaciones, y los procesos ecológicos que ellas realizan.

La ciencia de la conservación se nutre de diversas ciencias, tanto del ámbito biológico (por ejemplo, genética, ecología) como social (antropología, sociología) y, a diferencia de otras disciplinas, su objetivo final va más allá de la academia, intentando recuperar la biodiversidad en el mundo real. En toda su riqueza. En toda su complejidad. El desafío para la conservación entonces es doblemente colosal: por un lado, desarrollar aquellos instrumentos que permitan reducir o incluso revertir la pérdida de capital natural, y aplicarlos en cada rincón del planeta que sea necesario de manera efectiva. Así, esta ciencia aplicada al mundo real, no sólo debe lidiar con la casi infinita y maravillosa variedad de la naturaleza, sino que debe navegar el extraordinario mar de las personas, tanto o más diverso que la biodiversidad misma.

En un mundo dominado por la huella humana, es un escaso privilegio contar con extensiones masivas y poco intervenidas de biodiversidad. Patagonia es una de ellas, y Karukinka una singular gema verdazulada que la corona en Tierra del Fuego, pues en sus 300.000 hectáreas alberga los mejores bosques que existen en el mundo a esa latitud, y se baña en un fiordo majestuoso y rico en vida costera: el Seno del Almiranzago. Es Karukinka el área protegida privada más grande que existe en esta isla. Es Karukinka el más grande laboratorio natural para ensayar formas de hacer conservación en Patagonia. Necesarias y todavía desconocidas herramientas esperan en sus bosques el momento de ser develadas, y con ello impulsar la maravillosa diversidad de esta isla a los siglos por venir.

WildlifeConservation Society (WCS) es la ONG que dirijo y que está a cargo de Karukinka. Nuestra visión del mundo es que la naturaleza y las personas dependen una de la otra, y trabajamos para encontrar la armonía que permita la sana coexistencia entre ambas. Desarrollamos para ello investigaciones críticas que nos permitan avanzar en el camino de la conservación de la biodiversidad. Nuestro fuerte es la ciencia y el manejo para la conservación, los que aplicamos con metódica rigurosidad, focalizando nuestros esfuerzos en aquellos aspectos que más críticamente amenazan los valores de biodiversidad que nos interesa preservar: sus bosques, su costa. La mayor amenaza a este oro verde es la presencia de castores, roedor nativo de Norteamérica, el que luego de ser introducido activamente en la isla, se transformó en el mayor depredador de los bosques fueguinos. Un cáncer de dientes afilados, que día a día gangrena el mayor tesoro de biodiversidad de la Patagonia. Y esto ocurre mientras su generosa costa se agota frente a presiones de uso diversas, como pesca y turismo sin regulación, o salmonicultura desenfrenada.


Karukinka es un fin de conservación en sí mismo, del más alto valor a nivel global. Es, a la vez, un medio para desplegar en plenitud la práctica de esta ciencia, sustentada en conceptos fuertes, aplicada con el intenso realismo de la realidad local. Karukinka, en su honesta búsqueda de claves para este trabajo, ha comenzado a realizar el camino más desafiante para la conservación: el de integrar de manera explícita y orgullosa otras formas de aprehender el entorno, como es el arte. Sabemos que la variedad de miradas puede dar cuenta del complejo todo que necesitamos preservar. Y que el diálogo diverso, cándido y desprejuiciado puede ser fértil campo para sembrar y hacer crecer la semilla de la cultura de la conservación. Con la esperanza que se enraíce en Tierra del Fuego, y que sostenga el árbol de la vida de Karukinka y del resto de Chile. Esperamos doblegar no sólo castores, sino sobre todo cegueras y temores variados. Liderados por Camila Marambio, Ensayamos en Karukinka este diálogo de ciencia y arte. Desde el corazón del bosque y con la fuerza del viento fueguino los invitamos a sumarse a él.

Publicado en Revista La Panera Vol 39, 2013: 13.

Fotos Guy Wenborne, Felipe Custer

martes, 25 de diciembre de 2012

Impertinencias para la sobrevivencia - lección de vida para Karukinka

Aquí estoy en esta nueva etapa de mi vida. Enfrentando por primera vez los peores temores que pude haber imaginado nunca. Mi desafío personal es tan enorme...tan gigante... que lo primero y único que he podido hacer hasta ahora ha sido dejarme caer...Como ocurrió a Alicia, el suelo desapareció bajo mis pies, y un enorme agujero negro comenzó a devorarme. Rápido, húmedo, y sobre todo muy profundo. Destellos de luz y aire fresco sin embargo acompañan mi caída, y comenzaron a mostrar toda la riqueza subterránea, invisible y vital que me escolta hoy día.

Así me he dado cuenta que desde un principio he estado acompañada en este viaje. Tan acompañada que mi caída no se siente como tal y se ha transformado en un delicado y sensible viaje. Lleno de luz y calor. Lleno de vida y esperanza. Una enorme comunidad de familia, amigos, colegas, conocidos viejos y nuevos. Todos disponiendo su mano para sostener la mia.

Ayer estuve con Maricarmen, una vieja querida, de siempre. Espritual como pocas...me dijo que pedía por mi. Y que seguía la lección de una monja amiga, que la instruyó a pedir con impertinencia. Pues en el camino de Jesús en la tierra, aquellos impertinentes, que pedían fuerte y urgentemente, jalando los ropajes del demandado enviado, podían con mayor probabilidad ser escuchados y socorridos. Ella pide por mi así.

Y como siempre... pensé en Karukinka. Nuestro proyecto tan grande, tan bello, tan necesario como necesitado. Y me di cuenta que hemos pecado de respeto. Para solicitar la ayuda que requerimos hoy para poder sobrevivir al mañana. Y de mi caída personal he sacado esta lección que espero me acompañe el resto de mi vida profesional: aprender a ser impertinente!

No sólo demostrar con la obra, como lo hemos hecho hasta ahora, sino molestar con la palabra. Vocear lo que hoy no se ve: que la conservación es la clave para nuestro país y su desarrollo. Que nuestra visión de conservación es no sólo experta, sino necesaria, y que el aporte que hoy realizamos a nuestra Sociedad entera necesita ayuda hoy día.

Y por qué esto? Porque la construcción de una sociedad nueva depende del trabajo que realizamos hoy en Karukinka. Y son muy pocos los que hoy conectan los puntos necesarios para comprender que la conservación (o mejor dicho la falta de ella) es la clave que ordena nuestro mundo, y es la llave que abre (o cierra) nuestro futuro.

En nuestro actual y vetusto mundo, puede parecer una locura pedir ayuda en este viaje. Una Impertinencia! Tal como ayer fueron impertinentes aquellos que trabajaron para demostrar que nuestra Tierra era redonda, luego de milenios de ser plana. O los desvergonzados que se empeñaron en hacernos creer que nuestro planeta no era el centro del universo! Totalmente insolentes aquellos que echaron al suelo la generación espontánea; tal como atrevidos aquellos que mostraron que las especies cambiaban y no eran entes inmutables en el tiempo!


Tal como ayer fuimos ciegos a hechos que hoy día damos por obvios, todavía hoy no aceptamos la realidad "nueva" que nuestra sobrevivencia depende de la conservación y recuperación de nuestra biodiversidad. Y como resultado de esta ceguera extendida, hoy son pocas las fuentes de financiamiento existentes (y menos las asequibles) para impulsar este motor de cambio.  

 
Y Karukinka es un motor verdeanarnajado, poderoso y fresco como ninguno. El que unido a Tierra del Fuego, es un fuera de borda de lujo y potente, que puede impulsar a Chile hacia donde debe. Enseñar a navegar las aguas de la pérdida de biodiversidad, del cambio climático, de la desertificación, de las enfermedades emergentes, y llevarnos a la conservación de nuestra única e irremplazable arca de Noé. Nuestro país. El único con que contamos, tal como yo sólo cuento con este cuerpo. Y en lo que me resta de vida, creo que mi camino es ser impertinente y desvergonzada para clamar lo hoy invisble, pero por cierto totalmente verdadero.

sábado, 8 de diciembre de 2012

Invasiones, obsesiones y acciones...el futuro de Tierra del Fuego (y el mío también!)

Las invasiones biológicas, especies que llegan a un lugar para quedarse y destruirlo, son la segunda causa más importante de pérdida de biodiversidad. En Chile hay cientos de ejemplos, a los que estamos tan acostumbrados que ya ni vemos: los pastos de Chile central como el alfirelillo o el aromo; el retamillo más al sur o el espinillo, que día a día ahoga los campos sureños con su marea amarilla. Algas como el Didymo, amenazan con infectar ríos de Patagonia.

Estamos acostumbrados a animales invasores como conejos, cabras o ciervos! sin saber que todas ellas lideran la lista de las 100 especies más invasoras de nuestro mundo! A pesar de ello las sentimos parte de nuestras vidas, e incluso nuestro Estado otorga subsidios para mantenerlas y hacerlas crecer! Sabiendo que su presencia destruye nuestro entorno, degrada vegetación y suelos, con la consecuente pérdida de agua, fértil suelo, erosionando nuestra sustentabilidad y futuro.

En el sur, bien al sur conocemos el ejemplo de los castores. Especie exótica, invasora, introducida en otras épocas en Tierra del Fuego para desarrollar una industria peletera. La cual nunca llegó, tal como nunca se fueron los invasores. El resultado de hoy son miles de miles de hectáreas de bosque de protección (aquel bosque ribereño) destruido por la presencia de esta especie. Varias veces más grande que la superficie que potencialmente destruiría Hidro Aysén o las minas de Isla Riesco, todavía este problema no llama la suficiente atención para su detención.

O el caso del ciervo colorado, una de las top 100 más dañinas del mundo, autorizada (y subsidiada) para su introducción en Tierra del Fuego. Hoy se establece como un cáncer latente en medio de esta magnífica isla, bello ejemplo patagónico. Una de las pocas islas grandes del mundo que había quedado al margen de esta invasión. Sembrada con ponzoña. A propósito.

Pensando en estas invasiones, es inevitable para mi hacer una analogía con mi propia vida. Recientemente diagnosticada de cáncer de mamas, con un invasor de otra naturaleza, pero igualmente mortal a mi futuro. En un par de semanas luego del diagnóstico, escribo estas líneas mientras me recupero de una cirugía que espero haya removido gran parte del agresor. Como si eso no fuera suficiente, y con el objetivo de darle otra oportunidad a mi vida, a posteriori podrían venir radios o quimios. Todos esfuerzos por lograr aniquilar al invasor y extirparlo de mi cuerpo. Sumado a ello, este traspié en mi existencia espero sea una oportunidad para tomar con fuerza y revisar mi vida. Ver dónde puedo apuntalar mi ser para evitar futuros brotes invasores. Reflexiones, revisiones, cambios varios esperan por mi, a la vuelta de mi esquina.

Mientras me tomaba una resonancia hace unos días, y como hago siempre que debo confortar mi espíritu, viajaba mentalmente a Tierra del Fuego, a Karukinka. Y recibía el viento fresco de la Patagonia en mi cara santiaguina. Renovando mi mente. Reforzando mi cuerpo.

Fue inevitable pensar en las invasiones de castores y ciervos en Tierra del Fuego. Hecho ya el diagnóstico de estos flagelos patagónicos, estamos a la espera de la intervención. De la cirugía extirpadora. Del inicio de la cura. Hay caminos. Hay experiencia. Existe la tecnología. Está la necesidad. Sólo falta voluntad. El verdadero motor del verdadero cambio. Del necesario cambio para poder avanzar o siquiera aspirar a un futuro. Con la esperanza obsesiva de que podríamos hacerlo. De que necesitamos hacerlo. De que vale todo el esfuerzo para enfrentar estas invasiones, y mantener así la esperanza  de un futuro no sólo para Tierra del Fuego y Patagonia, sino para el resto de nuestro Chile. Nuestro cuerpo colectivo. Nuestra vida única y bella.

Las fotos son de G Weborne, C Silva-Quintas y mías

lunes, 26 de noviembre de 2012

Obsesiones que valen la pena, o reseña del Libro Humedales Costeros de Chile*

Dicen que los verdaderos autores llevan consigo una obsesión y proclaman/transmiten/escriben de ella siempre. Desde distintas trincheras, Andrés ha sido un autor que ha abordado el tema de los humedales chilenos desde hace años. No fue sorpresa por ello cuando conocí (y celebré!) la realización del libro Humedales Costeros de Chile, cuando orgulloso (como siempre!), Andrés Camaño compartía conmigo el estado de avance de este trabajo. Un aporte más de su tema. Una obsesión… que para alegría nuestra, se materializa hoy en este texto. El primero en su tipo, y valioso por muchas más razones que el contenido específico de sus capítulos.
 
Objetivamente el trabajo que tenemos hoy disponible reúne una parte importante de la información existente en torno a estos ecosistemas, en una porción crítica de nuestro país. Repartidos en menos de medio millar de unidades, los humedales costeros  de Chile central son el hábitat definitivo o de paso, de numerosas especies de plantas y animales, y otras cosas. Algunas conspicuas como el cisne de cuello negro, o más discretas como la malvita.

Tienen estos humedales una alta diversidad y complejas historias. Sintetizan estos ecosistemas la cuenca en la que están inmersos, conectan el mar y la tierra de manera discreta y permanente, y representan islas de dulce agua, las que como cuentas de collar se descuelgan a lo largo de la costa chilena, siendo de un extraordinario valor ecológico, económico y social.
En terreno algunos de estos humedales son reconocidos como tal, mientras que otros pasan desapercibidos ante peones y pajes. Ello a pesar que su aporte al bienestar humano es enorme, pues además del agua dulce, ofrecen una variedad de servicios tanto materiales como de los otros, críticos para sostener a las poblaciones humanas y sus variadas actividades económicas.

El contenido de este libro es un esfuerzo por correr el velo que ha cubierto estos ecosistemas por décadas, y será tarea de cada lector encontrar allí la información que necesite. Más importante para mí hoy, es destacar aquellos aspectos menos obvios y más subjetivos, que me parecen extraordinarios de este trabajo. Y que considero representan lecciones que bien merecen la pena ser promovidas e idealmente aprehendidas con su lectura.
En primer, lugar la génesis de esta obra se ha dado en un espacio singular: aquel que se crea cuando la academia y la industria se reúnen de manera positiva y proactiva. Bien sabido es que estos espacios de interacción positiva son deseables y necesarios para avanzar, no sólo en la generación de conocimiento, sino especialmente para la promoción y uso del mismo en el mundo verdadero. Aquel que existe más allá de las aulas. Y que necesita nutrirse de razón para resolver problemas tan diversos como urgentes.

El deseo de interacción es sin embargo una consigna que pocas veces logra hacerse carne, y que en menos ocasiones aún, logra producir legados tangibles a escala humana. Este libro de Humedales costeros, es un ejemplo concreto que otro mundo es posible. Y que la construcción de ese universo (todavía paralelo) requiere voluntad y capacidad. Ambas demostradas acá por Andrés y José Miguel, al reunir en torno a un interés común, a más de una treintena de autores nacionales provenientes no sólo de las mejores unidades académicas de Chile, sino de otras esferas donde también hay talento e igualmente se aporta al proceso del conocimiento, como puede ser el mundo público, consultoras, ONGs. Esta integración genera no sólo inteligencia compartida, sino que abre otros espacios como la confianza, fértil sustrato para la construcción de bien común.
En segundo lugar resulta significativo que este libro haya sido gestado en el seno de la industria forestal, del cual Andrés forma parte. Un pilar actual de la economía nacional, el que dada la naturaleza de nuestra legislación ambiental y de la propia industria, se ha desarrollado al borde de esfuerzos más organizados de regulaciones ambientales, como por ejemplo evaluaciones de impacto ambiental. Sin estar obligada a nada, y por voluntad soberana,  esta industria de la mano de Andrés Camaño ha decidido ir por más. Ha resuelto romper barreras culturales, institucionales, y fomentar el desarrollo de vínculos tan obvios como innovadores: como son la generación de conocimiento científico al alero de la producción. Como es la generación de valor compartido, al alero de la inversión. Como es la construcción de un legado nacional al alero de utilidades de carácter privado.

Si otras inversiones millonarias en Chile, como lo es la inversión forestal de Arauco, siquiera remedaran el ejemplo entregado por esta industria e invirtieran en el desarrollo y fortalecimiento de investigaciones científicas, de formación de recursos en ciencias, de promoción del conocimiento científico, créanme que otro sol saldría para Chile y ciertamente existiría otra visión de ecosistemas críticos, como los son estos humedales que hoy nos convocan.

En tercer lugar debo destacar el intento que hace este libro por llamar la atención sobre la gestión sustentable del capital natural que sostiene nuestra economía, y más. Pero así como la acumulación de información no necesariamente conlleva el desarrollo de la ciencia, de la misma forma la asociación entre academia e industria no necesariamente resulta en gestión sustentable.

La sostenibilidad es un objetivo que conlleva un nivel diferente de integración y complejidad, y que depende del entendimiento y aplicación de disciplinas críticas como puede ser la conservación de la biodiversidad (mi propia obsesión!), uno de cuyos objetivos fundamentales es planificar el desarrollo de actividades humanas considerando la mantención o enriquecimiento del capital natural del cual depende total y directamente.

Este libro aborda de manera somera temas relacionados a la gestión sustentable, constituyendo un primer paso en dicho camino. Incluye aspectos importantes como la identificación y caracterización de los humedales, el estado de conservación de algunos de sus componentes, la presencia de áreas protegidas, entre otras. Afortunadamente deja abierta la puerta para la realización de su versión 2.0 la que debiera incluir de manera explícita la relación humanos-humedales, así como la integración explícita a la gestión de la industria la conservación de estos ecosistemas.  

Desde Arica a Cabo de Hornos, día a día, grupos humanos diversos se relacionan con humedales costeros y dependen de ellos. Desde pequeñas comunidades hasta corporaciones gigantescas usan, abusan, toman decisiones o padecen las decisiones de otros. Tal como hoy, gracias a este libro comenzamos a conocer las bases ecológicas que caracterizan estos ecosistemas, esperamos mañana conocer y entender estas relaciones. Y con ello cimentar una base realista y sólida sobre la cual construir definitivamente su gestión sustentable.

Especialmente importante es el hecho que la gran mayoría de estos ecosistemas carecen de protección oficial, y se encuentran inmersos en mares de propiedades privadas, recibiendo de manera directa o indirecta las decisiones de numerosos e ignorantes usuarios. Actividades clásicas como desarrollo urbano, agrícolas o forestales, instalaciones industriales, son hoy día vistas como amenaza a la conservación de estos humedales a lo largo de Chile. Y es justamente este espacio el que podría ser colonizado por industrias relevantes, las que más fácil y efectivamente podrían aportar a la conservación de estos ecosistemas, haciéndose cargo de la información que hoy poseen, reconociendo su valor relativo y absoluto,  y gestionando su propio desarrollo en torno a la mantención y recuperación de estos vitales ecosistemas.
De la lectura de esta obra, debo destacar finalmente el hecho que los humedales han sido la columna vertebral del poblamiento de nuestro país. Cuando Chile no era Chile, ya los humedales costeros de Arica estaban siendo ocupados por los Chinchorro, y probablemente refrescaban la frente de los artesanos expertos en momificación. Más al sur, humedales como Quereo, El Yali, y tantos otros, sirvieron de abrigo y fuente de materias primas, además de alegría y alimento a los pobladores que por milenos pulularon las actuales costas nacionales.

Al menos 6000 años de historia in-interrumpida de humanos-humedales. Miles de generaciones usando, conociendo, valorando, estos refugios naturales. Este texto constituye un sólido y novedoso eslabón en este devenir. Pensando en el futuro, en los próximos 20, 50, 100 ó mil años, cabe preguntarse cuáles son los desafíos que debemos asumir hoy día para pensar en darle sostenibilidad no sólo a los humedales de la costa o las industrias nacionales, sino para asegurar la persistencia de nuestras propias poblaciones.
Con este libro en la mano, siento que ya estamos transitando esa ruta. Y espero que el espacio del conocimiento que hoy se ha generado, sirva de campo fértil para continuar la siembra.

Que el ejemplo de Andrés y José Miguel pueda servir de inspiración y modelo para los tantos otros intentos que son necesarios (desde la academia, de la industria, del mundo público, desde las comunidades) para construir ese futuro lejano. Que comienza hoy. Y que si seguimos este ejemplo, probablemente no termine mañana. Felicitaciones! Y gracias.
*Comentario realizado hoy en la Universidad Católica de Chile, en la presentación del libro: Fariña JM & A Camaño (eds) (2012) Humedales costeros de Chile. Editorial Universidad Católica de Chile, Santiago.

sábado, 24 de noviembre de 2012

La bolsa o la vida? Sorteando los plásticos del fin del mundo

Llevo dos días viajando. Salí primero de Santiago a Punta Arenas por aire, para embarcarme en un barco de exploraciones científicas que me llevaría al Seno del Almirantazgo, el corazón de Tierra del Fuego. Este viaje es el resultado de otro diferente iniciado el año pasado, en el que nos ambarcamos en la construcción de un sendero memorable: La Paciencia. Que pausadamente corre bajo los bosques de Karukinka. Mi destino, junto con el centenar de visitantes que me acompañaba, era Bahía Jakson: uno de los sitios más escondidos y memorables del Seno.

A esta Bahía (como casi todo el resto de Karukinka) se accede por mar o a pie. Muy poca gente la conoce, pues nevegar estas aguas o caminar estos parajes requiere ciertas condiciones poco comunes. Vecinos nuestros de Caleta María, que por años han visitado el fondo del Seno, nunca han podido llegar a esta Bahía. Hacia el sur, el río Azopardo impone un límite tumultuosamente turquesa. Hacia el norte el Cordón Valdivieso, desgajo de la cordillera Darwin con alturas de 1000 metros, actúa como muralla de granito bañada en glaciares azulosos.

Antaño, cuando todo el Seno era explotado por su madera, hubo presencia humana en la bahía. Hoy, tal esta área es refugio de flora y fauna tan bella como diversa. Erguidos guanacos recorren su costa, escampando el invierno, refrescando sus veranos. Cóndores por doquier: en riscos, en árboles, encumbrados por las corrientes fueguinas, recorren los siempre cambiantes cielos de Karukinka. Patos y aves pequeñas revolotean en las aguas, ríos o bosques. E incluso elefantes marinos! Estos impactantes "paquidermos antárticos" descansan aquí del hostigamiento de turistas, capean este nuevo y calentado mundo, tratando de recuperar el tiempo perdido.

Un paisaje idílico. Un destindo mundial. Un pedazo de cielo en la Tierra (del Fuego)! Y lamentablemente el destino de miles de miles de bolsas y desechos plásticos tan variados como repugnantes. Basura local, agrediendo silenciosamente un destino mundial. Un ejemplo más de nuestro mundo moderno (cuando yo era niña no había bolsas de plástico!) agrediendo a nuestro mundo futuro. Sentí vergüenza. Sentí impotencia. Otra muestra de cómo decisiones simples esperan ser tomadas por los visionarios y aguerridos constructores del nuevo siglo. Los políticos de hoy que podrían ser referentes del mañana!
 
 Patagonia! Magallanes! Tierra del Fuego!Destino de expediciones y materializador de sueños! Corazón del mundo verde nacional y sustrato del turismo por venir! Prístinos destinos en un mundo hipertrofiado! Sostenedores de la construcción del futuro en el sur del mundo!

Qué tan difícil puede ser no usar más bolsas de plástico en estas tierras? Una propuesta simple, limpia, visionaria, necesaria, esperanzadora, divertida, desafiante, grande! Como Magallanes. Como el futuro. Como las que envidiamos de los países desarrollados. Como las que queremos de nuestros dirigentes de hoy. Las podemos implementar porque tenemos ganas y coraje. Y porque tantos otros ya lo han hecho! ....y han sobrevivido....




Las fotos son de A Vila, C Silva-Quintas, G Wenborne y R Muza

domingo, 11 de noviembre de 2012

Costas de Patagonia y Tierra del Fuego: el Dorado del siglo XXI

Después de mucho esfuerzo, estimulados y apoyados por fondos Innova-Corfo, logramos contactar a uno de los líderes globales en ecoturismo: Lindblad Expeditions y traer su mirada a nuestro proyecto en Tierra del Fuego. Es un mandato nacional, un anhelo regional, un pilar sobre el cual impulsar y hacer crecer Magallanes: el turismo de intereses especiales. Ese turismo que se acerca a pasos agigantados y que en Patagonia podría crecer gustoso: cobijado (y cobijando) una naturaleza extraordinaria; extasiado de paisajes sin límites (y pudiendo crecer de la misma forma).  Uno de los inventores de este tipo de turismo. Uno de los referentes globales. Ofrece expediciones muy sencillas: donde se visitan lugares de naturaleza extraordinaria; y donde se pueda conocer los esfuerzos de científicos por conservarla. Galápagos. La Antártica. Groenlandia. Son algunos de los destinos de este grupo. Largos y dedicados viajes de conocimiento, exploración y delicado goce.

WCS, con su larga y atractiva experiencia en conservación en las costas de Patagonia, hizo notar el enorme valor de estos mares, y de los esfuerzos variados por protegerlos. Uno de los más notables ciertamente es nuestra bella Karukinka, en Tierra del Fuego. Y Lindblad se animó a visitarnos. En un mes se vendió todo el crucero. Cupo para unas 150 personas. A varios miles de dólares cada uno. Listas de espera para los próximos viajes.

National Geographic Explorer en las costas de Karukinka
No hay duda que estos mares siguen atrayendo los exploradores del nuevo siglo. Las costas de Patagonia, nuestras costas, están en la mente y corazones de los argonautas de esta nueva era. Esta vez el vellocino que buscan es verdeazul. Y está en nuestra tierra. En nuestra Patagonia.

Y nosotros en Karukinka hacemos un esfuerzo por conservarlo, darlo a conocer, promoverlo, y por sobre todo: convencer a los chilenos que tenemos el oro del nuevo siglo en nuestras tierras. No mentían los nativos originales. No se equivocaron los colonos aquellos.  El Dorado existe. Está en nuestro sur. Y vale más que oro, pues es vida pura.

Bahía La Paciencia y glaciar al fondo, todo en Karukinka,
Tierra del Fuego
Tenemos una de las riquezas mayores del mundo: la inmensa y bella vida silvestre de Patagonia. Un bien que casi no existe en el primer mundo, y que cada vez será más valorado en un mundo hipertrofiado de gentes, ciudades, tecnologías.

Podemos comenzar a darle valor hoy. Generar y aprovechar oportunidades como las de Lindblad. Promover nuestras tierras a los cuatro vientos. Atraer visitantes especiales. Que puedan valorar y aportar al desarrollo con conservación de nuestros parajes. Ese es el compromiso de WCS en Karukinka. Estos son nuestros primeros pasos hacia ese futuro.