sábado, 19 de julio de 2014

Todo es cancha! El juego sin retorno de la conservación y sustentabilidad

Aunque todavía no se reconozca, ni valore, no se acepte, se niegue o no se crea: somos parte y dependemos completamente de la naturaleza (o biodiversidad). Todo lo que comemos, respiramos, tomamos, vestimos, medicamos, disfrutamos, inspiramos proviene directa o indirectamente de la naturaleza. Puede ella estar cerca o lejos, puede ella estar en buen o mal estado, puede ella haber estado ayer y no estar hoy día, puede ella verse o ser invisible...cualquiera sea el caso, es que si natura desaparece, también lo haremos nosotros. Si natura se degrada, también lo hace nuestra humana condición. Personas y naturaleza conformamos un mismo sistema, donde la supuesta jerarquía de superioridad humana, no es más que un burdo anhelo, cristalizado de mil formas en la historia de la humanidad: por centurias juramos que nuestra Tierra era el centro del universo...

Todo lo que hacemos como es lógico, depende también de natura. Esto es especialmente cierto para las actividades económicas, sean ellas productivas o de servicios; sean altamente tecnologizadas o la más básica economía de subsistencia… La verdad es que directa o indirectamente todas pueden ser mantenidas si mantenemos la base natural sobre la que se yerguen y que las sustenta. Esta es una relación que pocas veces se hace evidente. Paradojalmente, sólo constatamos su existencia cuando natura desaparece o estropea. Ejemplos de esto acumulamos por cientos: crisis del salmón, colapso pesquerías nacionales, crisis del agua a lo largo y ancho de Chile…por nombrar unas pocas. Es un hecho entonces, que si pensamos en crear y mantener un país pujante, capaz de generar bienestar en el corto y largo plazo, debemos mantener y mejorar este escenario natural y común, en el que intentamos representar el juego del desarrollo sustentable.

Y cómo lo hacemos? Esto se logra simple y llanamente conservando biodiversidad…nuestra biodiversidad: en cada rincón terrestre o acuoso de nuestro escuálido país…y más allá. Dada la compleja naturaleza de natura, este trabajo es variopinto y depende del desarrollo y aplicación efectiva de herramientas variadas, las que van mucho mucho más allá de instalar áreas protegidas en mapas de oficinistas hiperventilados. Es hoy un mandato global que la tarea de conservación invada cada actividad humana, especialmente la productiva, permitiendo que la naturaleza florezca en cada rincón del tablado nacional. Este es un proceso que el primer mundo de siempre ya ha comprendido, y del que Chile, dada la naturaleza de su producción básica, no puede sino hacerse eco fuerte y resolutamente.

Cómo avanzar rápida y efectivamente en esto? Primero que todo reconociendo que la conservación de biodiversidad es tarea de todos, que sólo puede triunfar si actuamos de manera sinérgica en pos del bien común. Necesitamos una Ley de Biodiversidad fuerte y moderna, que permita instalar y fomentar el tema de la conservación en todo el territorio y mar nacional, que incluya a todos los actores de nuestra patria, incluso los de mañana! Necesitamos investigaciones de punta  para conocer y monitorear natura en toda su complejidad. Necesitamos un ejército de personas entrenadas en conservación de biodiversidad dispuestas a diseñar y probar engranajes innovadores para echar a andar la maquinaria de la sustentabilidad. De manera efectiva y ubicua…




Tal como los juegos de pelota que de niños organizábamos en barrios o pasajes, en la senda de la sustentabilidad todo es cancha…siendo la única alternativa de sostener este regocijo la conservación.






Fotos mías, excepto la última (se nota!), que es de G Wenborne

domingo, 1 de junio de 2014

La balsa verde de Tierra del Fuego: navegando desde el sur los mares de la conservacion global*

Bárbara Saavedra, joven ecóloga chilena, llega en el verano del 1995 por primera vez a Tierra del Fuego. Su destino, pensaba ella, era la Estancia Vicuña, la última y más austral existente en la zona. Su trabajo pensaba ella, era el estudio de guanacos y castores en los bosques de la zona, para entender su dinámica y con ese entendimiento apoyar el desarrollo de un proyecto de explotación forestal sustentable de estos bosques patagónicos. 

Bárbara permaneció un mes en esas tierras, recorriendo los laberintos verdes que son estos bosques fueguinos, abriéndose paso a pasos para llegar al corazón poco explorado de ese paisaje esmeralda, escudriñando los rincones del bosque para encontrar los bichos que necesitaba investigar. Ella está ahí, en un campamento de lujo nunca antes y nunca después visto para ecólogos chilenos, disfrutando del conocer de estas tierras y de sus gentes. Ella está allí, tal como están decenas de otros investigadores –botánicos, zoólogos, arqueólogos entre muchos otros- todos como abejas intentando libar la esencia que definía estos bosques. Tal como el resto, Bárbara estaba allí porque pensaba que conocimiento podría ayudar a mantener la vida del bosque en el futuro. Tal como el resto, Bárbara nunca pensó que esa visita inicial sería el inicio de un viaje mucho más largo, más comprometido e infinitamente más bello de lo que alguna vez imaginó. 

Por lo que podría considerarse un cachirulo del destino, Bárbara llega nuevamente a Tierra del Fuego en julio del 2005, esta vez como directora del recién nacido programa Karukinka, un programa de conservación, instalado en lo que otrora fue el naciente (y por suerte fallecido) programa forestal que por primera vez le abrió las puertas fueguinas. Recorre con otros ojos el paisaje que años antes había conocido, y descubre con el mismo corazón la fortuna contenida en esos verdes parajes. 

Este tesoro que no se devela para el viajero apurado, el que llega por el día a Tierra del Fuego y que sólo alcanza a caminar unos pasos por la zona más nortina de la isla. Para el viajero que sólo ve ganado y pastos, que sólo conoce del oro fueguino, esta riqueza aún no existe. Pero está ahí, y ha estado por centenas de años, y son enormes, majestuosos y extensos bosques chilenos. Catedrales naturales, moldeadas por la mano de Timaukel -el dios que los Selk’nam inventaron para guiar y cautelar sus pasos- que tal como las más añosas catedrales europeas, puedan sobrevivir a los devenires del destino, y albergar en centurias por venir a todos sus naturales fieles: guanacos, carpinteros, loros, zorros, y todo el resto de la desconocida diversidad viva que pulula en su centro. 

Timaukel permitió que el proyecto forestal fracasara, piensa a menudo Bárbara, Nos ha dado la oportunidad de llevar este paraje al futuro,  Será tarea nuestra la de tener éxito en este nuevo viaje –que en realidad es el mismo iniciado en 1995- y será desafío nuestro compartir esta riqueza con quien hoy día pueda verla, con quienes hoy día quieran apreciarla.

Sin otro destino posible que Karukinka en Tierra del Fuego, Bárbara vive hoy día patas arriba. Pues su norte está en el sur, y cree ella que el norte de muchas gentes del norte debiera ser, o al menos incluir, este sur. Porque es un sur que marca el paso hacia sustentabilidad, abriéndole camino a la conservación, integradamente las gentes y sus paisajes, integradamente los animales y sus espacios, integradamente el pasado con el presente y el futuro. 

Desde acá abajo el mundo se ve fresco, todavía joven, y a pesar de que hay mucho mucho trabajo por realizar, siente Bárbara que las cosas se pueden lograr. Y que Karukinka es una verde y segura balsa para sortear las turbulentas aguas de la estrecha mente de muchos. Tal como antaño el Estrecho permitió a Magallanes conectar su mundo con el de las fragantes especias, es esta misma zona la que hoy puede enlazar un futuro verde, sano y común con nuestro trastornado presente. Sólo hay que abordar esta barca, pues hay espacio  y necesidad de todos.

*Texto aparecido en Mas Alla del Fin/Beyond the End (2014) Periódico publicado con la ocasión de la Exhibición Beyond the End, a cargo de Camila Marambio en la Fundación de Arte Kadist, París. Parte de Residencia de Arte de Karukinka-Ensayos.

miércoles, 21 de mayo de 2014

Hacia sustentabilidad en Chile? Hoy una senda sin Dios ni Ley...

Por estos días, al igual que durante los cuatro años anteriores, Chile discute un proyecto de Ley que pretende crear el Servicio de Biodiversidad y Áreas Protegidas. Este Servicio permitiría completar el diseño inicial del Ministerio de Medio Ambiente creado en el 2010 un poco antes de que acabara el primer mandato de Bachellet. Este proyecto es uno de los 50 compromisos adquiridos por el segundo gobierno de la actual Presidenta, reflejo de su interés en dotar a nuestro país de herramientas adecuadas para avanzar hacia el bienestar de todos los chilenos.

Un grupo de organizaciones hemos generado un espacio de discusión y promoción de la conservación de biodiversidad, y por años hemos opinado respecto de intentos como este. En esta maratón de los primeros 100 días, y luego de una muy deficiente versión de dicho proyecto en el gobierno anterior, estamos de nuevo (y como siempre) dispuestos a aportar con nuestra experiencia, con nuestro compromiso, con nuestra convicción a la construcción de esta nueva Ley.

A diferencia de la Ley Tributaria, a esta ley de biodiversidad no la conoce casi nadie. Hecho lamentable, pues  la conservación de la biodiversidad, es quizá la herramienta más certera para asegurar bienestar actual y futuro a la población chilena toda, desde las comunidades más aisladas, hasta el empresariado más pudiente. Es una llave que puede abrirnos la puerta a la sustentabilidad de nuestro país, pues dependemos directamente de la explotación de nuestros recursos naturales. La cara más visible y más demandante de natura o biodiversidad.

Es una triste paradoja que esta desconocida ley abra un espacio casi infinito para que personeros públicos, de la más alta alcurnia o de la más baja burocracia, usen sus espacios de poder para reprimir el nacimiento de un embrión viable en este proceso. Enquistados en Ministerios "productivos", cercenan y mutilan, deforman y retuercen, cualquier atisbo de razón y lógica que pueda dar forma a una Ley de Biodiversidad mínimamente decente. A espaldas del bien común, se niegan estos actores déspotas a hacerse cargo o hacerse a un lado, para diseñar una Ley que de cuenta del mandato nacional (y global) que permita resguardar y recuperar el patrimonio natural de todos los chilenos.

Hacen caso omiso de argumentos científicos mundialmente aceptados; de acuerdos globales en los que Chile ha comprometido su palabra como la Convención de Biodiversidad; de argumentos económicos como los indicados por la OCDE a los que Chile ha intentado responder creando por ejemplo el mismísimo Ministerio de Medio Ambiente; o incluso desconocen argumentos financieros emanados de agencias como el Banco Mundial. Niegan asimismo la evidencia que estalla a diario y que incendia movilizaciones de norte a sur de nuestro país, cuya base comburente siempre cruza la desprotección de la biodiversidad (o capital natural, o naturaleza, como se quiera llamar). Cómo no...si el bienestar actual y futuro de las sociedades humanas está indisolublemente ligado a su ambiente natural.

Especialmente incapaces de dar la talla que nuestro país requiere son aquellos que pretenden administrar en el futuro inmediato sus actuales ministerios "productivos", sin incorporar todas las herramientas disponibles para mantener el capital natural del que dependen.

¿Cómo se espera fortalecer la producción agrícola (uno de los ejes de la recién estrenada agenda productividad) en un Chile donde el 60% de sus suelos están degradados y carecen de comunidades bacterianas y vegetales que puedan restablecer este capital perdido? ¿Cómo pretenden estos ministerios recuperar la pesca (otra de los ejes de la mencionada agenda) si no se gestiona la conservación de la veintena de especies sobre las que se sustenta la producción marina nacional? la gran mayoría degradada o sobreexplotada? ...¿Especies que a su vez requieren de sistemas marinos sanos y pujantes?

Cómo esperan estos Ministerios direccionar inversiones públicas efectivas si no se hacen cargo de eliminar subsidios perversos, que mantenidos por inercia, tontera o maldad derivan en problemas socio-ecológicos grotescos como los monocultivos de pino y ecualiptos que asfixian y deshidratan centenas de comunidades a lo largo del sur de Chile. Ni hablar de subsidios que día a día financian la llegada y establecimiento de plagas casi bíblicas como cabras o ciervos rojos! en zonas tanto de alto valor productivo como de conservación! ¿Cómo evitar colapsos socio-ambientales como el vivido por la salmonicultura (otro de los ejes de la agenda productiva!) hace poco más de un lustro, si se obvía la relación incuestionable entre protección de biodiversidad y producción de recursos naturales?

Chile, una economía que late hoy gracias al uso de Recursos Naturales, solo puede esperar a hacerse sustentable en la medida que todas y cada una de sus actividades productivas, puedan incorporar en su diseño y ejecución elementos esenciales que permitan conservar dichos recursos... o al menos los procesos naturales de los que ellos dependen.

Tal es el mandato explícito de Convenciones globales de las que Chile forma parte. Tal reclamo es vociferado por decenas de comunidades que día a día sufren los efectos de manejo deficiente de los sistemas productivos. Tal decisión está fundamentada en los miles de miles de estudios científicos nacionales y globales. Tal reclamo proviene incluso de gremios productivos tan impactantes como la minería! pues conocen de sobra los riesgos que derivan de esquivar la mirada de la base natural que sostiene a las comunidades donde están insertos.

Tal como hoy existe un desprecio general por aquellas personas que pudiendo haber tomado decisiones acertadas, optaron por un silencio cómplice... Mañana recaerá sobre aquellos que hoy pudieron haber abierto los canales para avanzar hacia la sustentabilidad, pero que prefirieron mantener sus estrechas, y cada día más degradadas, parcelas de tierra o mar, para ejercer un poder cada vez más alejado de la realidad, el desprecio total. Y lo que es peor, serán ellos mismos víctimas de sus decisiones.

¡Qué lástima que la ley de biodiversidad no sea la ley tributaria! Qué pérdida de oportunidad comprobar que lejos del espíritu del mandato de la Mandataria, el proyecto que hoy se gesta concienzudamente en Medio Ambiente, se estrella contra una muralla de mezquindad, ignorancia, desprecio por el bien común de otros ministerios tan poderosos como ciegos. Si hubiese un dios, podríamos rogar por una última alternativa: que alguien con cordura-y-poder político pudiese alinear a los díscolos y dotar a esta ley del espíritu que requiere para lograr su objetivo. Una alineación que ha sido mostrada en otros esfuerzos colectivos... que ni con mucho se acercan a la envergadura de mantener y recuperar la matriz natural que sostiene y da vida a toda nuestra población chilena. La de hoy, la de mañana, la de pasado mañana....

domingo, 26 de enero de 2014

Soberanía en Chile - la frontera que espera ser conquistada con conservación...o aún tenemos patria ciudadanos!

 Como las humitas que tanto amamos, en Chile crecemos atados a ideas... y sin notarlo vamos ahogando nuestra capacidad de ver, analizar y resolver temas. Una idea que nos aplasta desde que nacemos es aquella que dice que la soberanía de nuestro país está definida por aquella línea trazada sobre el mar o tierra, y que marca los confines de nuestro territorio. Dibujamos esa línea con sangre o de otra forma, e invertimos recursos inimaginables (y ciertamente desconocidos) para defenderla.

A pocas horas de conocer el fallo mediante el cual la Haya resolverá un límite marítimo particular con el vecino Perú... no puedo de dejar de reflexionar en torno a nuestra soberanía y la ceguera de pensar nuestra frontera sólo como bordes que dibujan países colindantes. Miopía que define nuestra limitada capacidad de reconocer las decenas de amenazas que día a día reducen, deterioran, merman y finalmente devastan grandes extensiones de nuestro soberano país.

Hemos perdido por ejemplo, casi la mitad del suelo nacional. Si...así de horrible: 37 millones de hectáreas desaparecidas lenta y silenciosamente, legado probable de prácticas agrícolas y ganaderas aberrantes. Nos espantamos pensando en la amenaza que significa la solicitud de Perú de menos de 4 millones de hectáreas de océano, pero ni nos inmutamos al saber que el el 85% de la Región de Coquimbo ha perdido su superficie productiva: casi 3,5 millones de hectáreas cercenadas de nuestro territorio, para las cuales no existe tribunal internacional o armamento alguno capaz de recuperarlas para nuestro país.

Sufrimos pensando en los casi 50 mil hectáreas que Chile perdió en la disputa de Laguna del Desierto, pero no nos impacta nada saber que casi la mitad de nuestras protegidas, las cuales cubren casi el 20% de nuestro país reciben presupuestos paupérrimos de país pobre (en realidad miserables!). Esto determina que nuestra presencia efectiva en dichas áreas sea mínima o nula, imposibilitando ejercer soberanía alguna en estos territorios, eliminándolos de facto de las cuentas de hectáreas nacional.

En el caso del mar chileno la paradoja resulta aún más bizarra, pues somos capaces de invertir en armamentos y personal de guerra sin chistar, pero destinamos cero peso a gestionar las miles de hectáreas de mar que están protegidos (en papel al menos!), y que constituyen el "chanchito de naturaleza" que reservamos para enfrentar vacas flacas futuras.

Tememos a invasores potenciales que puedan arrancar algunos jirones de nuestra amada patria, pero desconocemos la presencia devastadora de invasores reales, especies foráneas que accidental o activamente han alcanzado vastos rincones de Chile, destruyendo a su paso los cimientos naturales y básicos de nuestra supervivencia como nación. La lista de especies es larga, y sus efectos peores que el que podrían producir las peores armas modernas. Cabras en Juan Fenrnández, castores en Tierra del Fuego, Didymo en los cristalinos ríos patagónicos, retamilla en los productivos campos de Osorno. Tan gruesas son las ataduras que nos ciegan, que incluso nuestro Estado subsidia el arribo de estos invasores, como es el caso de ciervos colorados en Tierra del Fuego, o de eucaliptos a lo largo de nuestro escuálido país.

Peor aún que estos deleznables invasores, es la invisibilidad de gran parte del patrimonio natural chileno para los mismos chilenos, la que termina por minar nuestra propia identidad, reduciendo y deformando nuestra capacidad de imaginar futuros para nuestra nación.

Si estamos pensando en soberanía....no puedo más que preguntarme por los verdaderos problemas que enfrenta Chile en relación a la mantención y cuidado de nuestros territorios y maritorios. Y confirmo lo que sospecho que debemos dejar de mirar al lado y comenzar a ejercer soberanía hacia adentro de nuestro país, gestionando la conservación del patrimonio natural chileno en toda su extensión: desde Visviri hasta el Cabo de Hornos, desde Rapa Nui hasta las bellas cumbres Andinas.

Son necesarios ejércitos de gestores de la conservación, armados hasta los dientes de conocimiento y capacidad para desarrollar herramientas con sello local, que permitan recuperar el capital natural que sostiene desde dentro a nuestro país. Como es esperable esta batalla necesita recursos, pues es de largo aliento y es ubicua. A diferencia de otras guerras, el resultado no implica el aniquilamiento de enemigo alguno, sino la construcción de una cultura soberana y orgullosa, capaz de sostenerse a si misma, y especialmente mirar y crecer hacia el futuro.

Fotos de Wenborne, Dupradou, y propias

domingo, 29 de diciembre de 2013

Heroica de la conservación - Karukinka, expedición al futuro de Patagonia

Herbert Pointing, fotógrafo de expedición de Scott
De la mano de Claudia Bobadilla, pude llegar por primera vez al Reino Unido y caminar largas conversaciones sobre Chile, la sustentabilidad y sobre todo las exploraciones por hacer para llegar a ella.

Un período tan dramático como apasionante es la Edad Heroica de las exploraciones a las Antártida, donde una serie de personajes locamente visionarios, dieron lo mejor de si mismos para acercar este lejano continente a nuestro mundo. Y abrir con ello grandes avenidas para su conocimiento y conservación.

Tres iconos de este período: Amundsen, Scott y Shackleton, reflejan tres intentos, tres formas y una serie de valores tan potentes como inspiradores. Amundsen, de origen noruego, fue el primero en llegar al Polo Sur. Fruto de una planificación acuciosa, de un celo exacerbado, su viaje fue una limpia estocada al corazón del blanco continente.

El inglés Scott por su parte, falló en alcanzar primeramente el Polo Sur y en retornar sano y salvo a su país. A pesar de ello, el bello registro de su travesía ha servido como fuente enorme de inspiración a generaciones futuras, además de gatillar investigaciones potentes en la zona. Por último, nuestro bien conocido Schackleton, marcó el cierre de este heroico período de exploraciones. Con la intención no cumplida de cruzar todo el continente, su mayor logro fue sobreponerse a la adversidad, navegar los peores mares del mundo en un falucho y conseguir ayuda para rescatar intacta a toda su tripulación. Un magnífico ejemplo de coraje, compromiso y generosidad, inspirador como pocos eventos de nuestra humanidad.

Terminando un peculiar año de mi vida, regresando de mi un aún más peculiar viaje a Londres, inevitablemente caigo en la reflexión de nuestro trabajo de conservación en Karukinka, Tierra del Fuego.

En una época de la humanidad en que enfrenta el que quizá es su más grande y más desconocido desafío: conservar la vida de nuestra naturaleza, permitiéndole brindar bienestar a nuestra raza, no puedo sino pensar en este viaje que iniciamos hace ocho años en Karukinka como una gran travesía. Un camino hacia la exploración de territorios reales y mentales, para conocer por un lado la potente natura chilena, y por otro derribar los límites (auto)impuestos para protegerla.

Imagino hoy nuestra tarea vista cien años en el futuro. Espero que antes de esos cien años podamos definitivamente abrazar la conservación de nuestra biodiversidad como la llave más importante y eficaz para abrir la puerta a nuestro futuro. Tal como en el nacimiento del trabajo antártico, nuestros pasos balbuceantes de hoy quizá sean vistos como un trabajo heroico.

En un país todavía ciego a la conservación, con escaso desarrollo humano, con exiguo financiamiento, a la vez con una tarea tan titánica como necesaria (y bella), tengo hoy la sensación que nuestro camino está siendo labrado a pulso. Con coraje, visión, entrega y compromiso por parte de nuestra gente. Con entusiasmo, desconfianza y curiosidad por parte de tantos otros. A lo largo de estos años hemos ido dando un paso tras otro. En este árido espacio nacional de sustentabilidad.

No sé cuál sea mi destino en esta ruta. Sólo espero poder alcanzar nuestro Sur. Sólo sé que hacemos lo imposible por traer a todos. Cada uno de nosotros como valioso individuo, a la vez que un nodo más de este gran equipo. Y finalmente tengo la certeza que podremos abrir esta ruta sólo si contamos con la ayuda y generosidad de muchos. Hoy la necesitamos para poder llegar a mañana.

Mi tarea para este nuevo año de mi vida es justamente esa: conseguir el auxilio necesario para completar airosamente nuestro paso en este derrotero. Para seguir avanzando. Para avanzar con todos. Para abrir la ruta a los que vienen....

Todas las fotos son de Ricardo Muza, Fotógrafo de la Expedición de Karukinka.

sábado, 9 de noviembre de 2013

Nuestro reality real de cada día: el desafío de conservar Patagonia para Chile



Suavemente acunada por el Canal Beagle, termino hoy una travesía por los fiordos patagónicos que sólo duró cinco días, pero que se sienten como toda una vida. Abordé en Natales el National Geographic Explorer, el crucero más conservacionista que existe, y navegué por estas aguas con decenas de eco-exploradores interesados en conocer, aprender y aportar al cuidado de estas tierras.




Para nosotros una oportunidad de mostrar lo que venimos haciendo desde hace 8 años en Karukinka: abriendo espacios y mentes para lograr la conservación de estos parajes, para generaciones por venir. Decenas de niños, jóvenes, investigadores, empresarios, profesores, periodistas, cocineros, estancieros, fotógrafos, forestales, abogados, guardaparques, y tantos otros visitantes han tenido la experiencia Karukinka. Han experimentado la fuerza de la conservación hecha realidad. Y cada uno de ellos…cada uno de nosotros…cada uno de los pasajeros del Ecoexplorer ha salido transformado.



Tal es el poder de Karukinka. Tal es la fuerza de Tierra del Fuego. Tal es la necesidad de la conservación. Más fuerte y más real aún que el viento patagónico.











Esperamos que cada uno de estos visitantes se transforme en un adalid de nuestra causa. Embajadores que viralicen nuestro llamado e infecten a todo el mundo de nuestra fiebre. Queremos a todos de nuestro lado. Los necesitamos a todos.


Cabo de Hornos




Ha sido una buena semana de trabajo. Siento la nueva realidad abriéndose frente a nosotros… como debe sentir el mascarón de proa de este barco de la conservación!

miércoles, 6 de noviembre de 2013

Con mi norte claro, navego hoy las delicadas aguas del sur


Son las cinco de la mañana y despierto con los ojos muy abiertos, intentando distinguir el viento tras mi ventana. Estoy en medio del Fiordo Parry, uno de los espacios más bellos que provee la Cordillera de Darwin en su lado oeste, justo enfrente de Karukinka.
Desde hace unos días me encuentro navegando estos canales, a bordo de una nave de turismo, el Ecoexplorer, repleta de gente interesada, entusiasta y consciente de la necesidad de promover el conocimiento y la conservación de los sistemas naturales.

Hace unos años, gracias a que construimos el Sendero La Paciencia, logramos contactar a esta línea de cruceros, y hoy por segundo año consecutivo, ha realizado la Ruta de Patagonia, la cual incluye una navegación de varios días por estas costas tanto del lado argentino como chileno. Una de las paradas en este periplo es Karukinka, donde si el clima lo permite (lo permitirá hoy día?), desembarcamos en Bahía Jakson y disfrutamos la fauna diversa y natural que la habita.


Este viaje es siempre especial, pues su gente, los pasajeros, la tripulación, todos ellos conforman una comunidad flotante con mucho interés común. Deseosos de aprender, absorben cada detalle de información entregado. Capturan imagen tras imagen, recuerdo tras recuerdo. Mi tarea es proveerles imágenes con sentido, con ciencia, con visión de futuro, invitarlos a conectarse a esta tierra…y a este mar.






En mi caso, hace un año navegué por primera vez con ellos, y justo a mi regreso descubrí que tenía cáncer. Este viaje es el primero que realizo a Tierra del Fuego y mi amada Karukinka luego de vivir un turbulento 2013. Hoy me siento tranquila. Las aguas del Fiordo Parry mecen suavemente esta gran cuna de hierro. 





Y yo….como siempre….no puedo sino sentirme la persona más privilegiada del mundo…por ser parte de Karukinka…por estar sobreviviendo esta enfermedad…por poder compartir esto con mis gentes…por confirmar el valor del trabajo de conservación que estoy haciendo…no sólo de mi propio cuerpo, sino especialmente de este cuerpo colectivo que es el sur de nuestra tierra.